EL CORDÓN
Sumergido en las profundidades de la tierra,
escarbo con mis desnudas manos el barro
hasta alcanzar tus entrañas.
Vuelvo a tu seno, madre.
Déjame cortar el cordón que me une a ti...
Me ahogo, padre.
Sólo muriendo, vuelvo a vivir.
Otros mundos me esperan,
lejos de aquí.
VEN
¿Tan lejos te encuentras?
No conozco tu rostro.
¿Dónde te busco?
A veces pienso
que sólo vives en mi imaginación.
Pero callo y te siento junto a mí.
Me susurras palabras de amor.
Como el viento,
acaricias mi piel.
Como la lluvia,
recorres mi cuerpo.
A veces pareces fría,
distante,
mas tu llama alumbra mi noche.
Llega el alba.
Vuela,
cual mariposa.
Ven para quedarte...
Alma mía.
SIMPLEMENTE SOY
Yo existo y no necesito demostrarlo.
No es un acto religioso.
Soy la suma de billones de células.
Cuando éstas se disgregen,
yo me disolveré con ellas y,
sin embargo,
seguiré existiendo,
como ya lo he hecho antes.
Tomaré "barro" y seré nuevamente uno con él...
Como lo he sido infinidad de veces.
Soy simplemente la Vida.
No hay nada que demostrar...
Sólo disfrutar.
PIENSO EN TI
Despierto en medio de la noche.
Llueve.
El olor a hierba fresca perfuma mi habitación
y tú no estás.
¿Piensas en mi?
Tú tenías quince años, yo apenas dieciséis.
Tu voz despertó en mí mi alma dormida.
Aún recuerdo tu pelo azabache,
tus ojos,
tu sonrisa,
tu ternura...
tu candidez.
Cierro mis ojos.
Pienso en ti.
Estás aquí.
¡Salgamos fuera!
La lluvia empapa nuestros cuerpos,
nuestras almas desnudas,
como aquel día.
Dímelo otra vez...
Pienso en ti.
Yo también...
AL OTRO LADO DEL PUENTE
Con los ojos del alma
contemplo una nueva Tierra.
Decidido voy hacía ella.
No, no estoy solo.
Tú estás conmigo.
Vosotros también.
Aún somos más,
multitud.
Nos damos las manos,
saltamos,
bailamos...
Cantamos.
Un estrecho puente...
Al otro lado nos esperan
quienes nos precedieron
y prepararon el camino,
dándolo todo a cambio de nada.
No, no están muertos...
sino llenos de vida,
la que nos espera...
¡Ven, no temas!
También hay un lugar para ti.
Toma mi mano.
Dame la tuya.
¡Podemos cruzarlo!
Olvida tanto dolor.
Sonríe.
La vida cobra sentido...
Amando.
¡Aún hay tiempo!
¡Ven!
No traigas equipaje...
Al otro lado del puente
te espera un traje de luz.
No, no es un sueño.
Está sucediendo,
ahora,
¡en este mismo instante!
La vida cobra sentido...
Amando.
CONFIESO
Confieso haber vivido singulares experiencias:
el perfume de una rosa,
el calor de una mano…
y tantas y tantas vivencias.
Confieso,
haber olvidado cuanto he aprendido;
haberme perdido en laberintos de piedra;
ser el ocaso de un alma perdida.
Confieso,
haber gozado del alba de un nuevo día;
sufrido el adiós de un alma amiga;
buscado con desesperación quien mi espíritu ansía.
Confieso,
la amnesia de mi primera partida;
mi temor a marchar por sendas esquivas.
¿Cuál galaxia me vio nacer?
¿Por dónde mi crepúsculo camina?
Confieso,
haber errado y los cielos circundado;
haber odiado, en mi infierno quemado;
haberme perdonado y sin lágrimas haber llorado.
Confieso que mis preguntas ya no son nada.
Sin principio ni final,
ahora sé que simplemente soy…
y nada más.
HOY PISABA LA ARENA
Hoy pisaba la arena al borde del mar.
Mis huellas duraban un instante.
Una ola tras otra acababa borrando
cualquier intento de permanencia de mi paso por la playa.
Me dije: "Mañana volveré y no miraré mis huellas
sino a quien camina conmigo".
DESCONOCIDA
A ti, desconocida,
no veo tus ojos, tu sonrisa...
¿En que laberinto de mi vida te perdí?
Vuelves a mi vida,
no es casualidad.
¿Es ahora mi momento?
Susurras al oído una melodía.
Aún hay tiempo, me dices.
¡Qué locura la mía!
Necesito sentir tus labios,
acariciar tu piel...
Apagar mi sed.
Llévame contigo,
a los confines del amor,
donde el horizonte se pierde
y siempre luce el sol.
Toma forma, alma mía.
Seamos uno, los dos.
LA AMISTAD
Un amigo es quien te llega a conocer,
porque ha sabido esperar el momento
en que abres tu corazón.
Te mira a los ojos y nada te dice,
porque todo lo calla.
Te observa en silencio, con bondad.
Te pide ayuda,
porque sabe que estás siempre dispuesto.
Te da aquello que más le costó conseguir,
aun sabiendo que nunca lo recuperará.
Ve como pasan los días,
los meses, los años,
siempre a tu lado.
Te trata con respeto,
compartiendo tus silencios,
escuchando tus susurros
y limpiando las lágrimas que brotan de tus ojos.
Rie contigo y se alegra de tu buena estrella.
No le importa tu forma sino tu fondo.
Camina junto a ti y tú junto a él,
de la mano,
sabiendo que somos nubes…
que un buen día nos convertimos
en la lluvia que se derrama
en el espacio para llegarte a ti
que lees estas gotas de…
sincera amistad.
MI TIEMPO
Siete de enero, cinco de mañana.
El frío atenaza en el exterior.
Un grito desgarrador rompe el silencio.
Carreras a uno y otro lado de la habitación.
Se acerca el momento.
Quiero salir, lo necesito, por ella y por mí.
Demasiado tiempo atrapado mi cuerpo en otro cuerpo.
Ya llega la comadrona y el doctor.
Todo está listo, sólo falto yo.
Intento salir pero no puedo.
Veo luz al final de un túnel.
Necesito un empujón.
¡Madre! Grito sin voz.
Un cordón me une a ti...
¡Aprieta! Oigo tras la coraza que me aisla del mundo exterior.
No vengo para quedarme,
ni siquiera para sufrir.
¡Madre! ¡Ya es la hora!
Mi alma desciende el último peldaño.
Doy un paso y... la luz ciega mis ojos.
El primer llanto...
Que no será el último,
presagia el "doc".
¡Olvida! ¡Olvida!
Esta vez la voz sale de mi interior.
Y yo, olvido... quien fui, soy y seré.
Han pasado muchos años,
escribo páginas en blanco,
casi gastado mi tiempo.
Padre, hace frío.
¡Madre, necesito tu calor!
Ahora veo otro tunel...
Doy un paso.
Subo un escalón.
Miro atrás y quien fui no recuerdo.
Al fondo la luz.
TU TERNURA
Recuerdos vivos desgarrando mi piel.
No, no es una herida,
siguiera siento dolor.
Aún recuerdo tu voz,
siento tus besos,
tu ternura.
Eres un bálsamo,
una caricia a mi alma.
Cierro mis ojos,
contemplo tu rostro,
tus brillantes ojos.
Déjame tocarte una vez más.
Vuelve al lugar del que nunca te fuiste...
Mi amor.
SUEÑA
Contemplo un horizonte sin fin,
más me acerco,
más te alejas.
Soy tu ensueño.
¡No despiertes,
sin ti nada soy!
Rio,
lloro,
sufro...
Amo.
Disfruto la vida por ti,
a veces un sin vivir.
Llega el alba.
Luz en tu dormitorio.
¡No despiertes!
Sueña...
Eres mi existir.
Sin ti, moriré.
LA NOCHE
Noche oscura.
Disfrazada te acercaste a mí.
Cierto que no te reconocí
y embelesado caí en tu red.
Olvidaste un detalle,
del pasado aprendí.
Mi amanecer tardó toda la noche en llegar.
No,
no vendo mi alma,
ni hoy,
ni ayer.
Disfrazada te acercaste a mí.
Cierto que no te reconocí
y embelesado caí en tu red.
Olvidaste un detalle,
del pasado aprendí.
Mi amanecer tardó toda la noche en llegar.
No,
no vendo mi alma,
ni hoy,
ni ayer.
TU VOZ
Permanecería callado,
pero no puedo.
Necesito escuchar tu voz,
sentir tus latidos,
palpar tu alma inasible.
pero no puedo.
Necesito escuchar tu voz,
sentir tus latidos,
palpar tu alma inasible.
Deja que se habran tus heridas
y brote la semilla dormida al calor de mi piel.
y brote la semilla dormida al calor de mi piel.
No, no cierres la puerta.
Ábrela de par en par
para que sea tu luz mi amanecer
y mi sombra la tuya.
Ábrela de par en par
para que sea tu luz mi amanecer
y mi sombra la tuya.
SINFONÍA
Otros nombres, otros rostros. Muchas tierras pisaron nuestros pies. Alentados por un deseo innato grabado a fuego, acordamos un nuevo encuentro y aunque nuestras personalidades sean hoy completamente diferentes y aun bañadas por la amnesia, un hilo conductor haría posible lo que nuestras almas anhelan. Nos planteamos nuevos retos, sabríamos que viejos conflictos podrían aparecer, más también conocíamos la fuerza que nos habita y los acabarían disolviendo. Somos capaces de comprender la singularidad de nuestro proyecto: un instrumento diferente a otros tocando en una sinfonía, una sinfonía inacabada que espera nuestra aportación creativa. Puede que con sonidos estridentes mientras ensayamos, descompasados… Posiblemente tardemos tiempo en alcanzar un sonido mínimamente aceptable, pero, ante todo, es y será el nuestro, nacido de nuestras entrañas.
En cada una, en cada uno, está la melodía inscrita, tiene el ritmo que nuestros corazones quieren imprimirlo. Dejemos que siga fluyendo y nuestras personalidades dancen al compás, cada una diferente, mas imprescindible. Aunque tenemos todo el tiempo del mundo, es ahora cuando “los astros se han confabulado para que así sea”, porque nosotros lo hemos decidido así.
Ofrezcamos la singularidad de nuestra alma, dejemos que nuestra personalidad esté en sintonía con ella. Trabajemos en la cotidianeidad, donde nuestros pies tocan tierra, pues el instrumento que tocamos no sabe de barreras de tiempo ni espacio. Paso a paso, sabiendo que no estamos solos. El Sol que tú ves es el mismo que veo yo.
Yo escucho el sonido de tu alma, ¿escuchas tú el mío?
Una sinfonía está sonando. Unas palabras la acompañan: “Escucha la canción de la alegría…”
COMO MI ALMA
Una hoja cae...
La última.
El árbol se desnuda... como mi alma.
Día a día,
tras las lluvias de otoño,
bajo el rigor del invierno,
acabará disolviéndose... como mi alma.
Volverá la primavera... como mi alma.
MI ESTACIÓN
Con mi bastón, ligero de equipaje. Sin mapa ni guía.
Sin trayecto trazado voy caminando.
El día llegando a su fin.
El cansancio haciendo mella.
A la vera del camino me siento.
Parada forzada.
Una bandada de pájaros guiados por las estrellas sigue su rumbo.
Conocen su ruta para subsistir. Las estaciones sus vidas van marcando.
La primavera florecida, el verano reluciente, el otoño dorado, el invierno gélido.
Así, cavilando, el sueño me va venciendo.
El Sol emerge.
Me levanto, doy unos pasos y sigo caminando.
Y me voy preguntando…
¿Cuál estación marca mi tiempo?
Qué importa,
ni el futuro ni el pasado...
Sólo sigo la estela de los pájaros.
SOY EN EL NO-SER
Contemplo mi vida, con sus alegrías y tristezas.
Cuando veo el camino transcurrido, siempre acabo mirando el agua serena del lago. Veo a quien no es y sin embargo ahí está. Lo toco y se disgrega, volviendo instantes después a mostrarse como antes.
Me levanto y sigo mi camino. ¿Habrá desaparecido mi rostro con mi partida, o algo de mí permanece en el lago para siempre?
Levanto la vista hacia la bóveda celeste. En la despejada noche, elevo mi mano hasta “tocar” una estrella con un dedo. ¿Qué nos separa, qué nos une?
Soy en el No-ser.
Sigo caminando, eterno peregrino.
EL OTRO MAESTRO
En los últimos días del Maestro caminaba junto a Él un anciano delgado y andrajoso. Escuchaba sus palabras siempre desde lejos, apartado de todos. Las arrugas de su rostro revelaban una vida dura bajo el sol ardiente y abrasador del desierto.
Algunas miradas cruzadas, mas ningún diálogo surgía entre ellos.
Al alba, cuando aún dormían todos los que querían escuchar sus palabras, bajo algunos olivos, el Maestro se acercó al anciano que se encontraba recostado en una piedra. El rocío empapaba sus ropas, le tapó con su manto y le preguntó:
– ¿Venerable anciano porqué me sigues si tú ya vives en el reino de Dios?
El anciano le miró, sus ojos se perdían en la oquedad ocular, mas unas lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas. Una voz casi inaudible surgió desde lo más profundo de su alma:
–Maestro, desde niño he escuchado una voz interior que me repetía sin cesar que viviría lo suficiente para verte. Sí, vive desde hace años en mí la gracia del Creador, pero la soledad siempre fue mi compañía, hasta que hace unos días unos pastores me hablaron de un hombre que predicaba el amor para con los enemigos. No quería morir sin conocerte y escuchar tus palabras y saber si eras aquel que siempre esperé.
–Venerable anciano, tú me precedes en el Reino de Dios, estabas en él cuando mi Padre me envió a este mundo y me recibirás cuando a él vuelva. Eres bienaventurado y puro de corazón, muy pronto verás a Dios.
El anciano se recostó en el hombro del Maestro cerrando sus ojos por última vez. Le besó en la frente y tras unos minutos de silencio dejó el cuerpo envuelto con el manto.
Se levantó, al acercarse a aquellos que comenzaban a despertarse no pudo impedir que unas lágrimas brotaran.
Un joven, casi un chiquillo, mirándole le preguntó:
– ¿Qué ocurre, por qué lloras Maestro?
Él, le miró fijamente, cerró sus párpados, puso su mano derecha sobre su corazón y con voz pausada le respondió:
–Acabo de ver a mi Maestro partir a la casa de mi Padre.
Con una leve sonrisa se alejó…
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