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LA CRUELDAD DE EXISTIR

  


Sin permiso tomé conciencia de mi vacuidad. 

  Tras mi primer llanto, el cual no recuerdo, el dolor se instaló en mi débil cuerpo. Amargo compañero de vida. 

  ¿Qué sentido tiene la existencia cuando la felicidad es un instante que se esfuma aun antes de saborearlo? 

  Contemplo a mi alrededor caras largas, tristes, sacando fuerzas de las entrañas para traer el pan de cada día. ¿Sonrisa, dónde estás? 

  Me abstraigo, escucho mis adentros, un corazón que palpita. ¿Quién te lo pide? No, no controlo nada, ni el aire que respiro. Aún así lo necesito para poder volar, lejos, muy lejos, en un mundo imaginario donde ya no hay preguntas… ni dolor. Simplemente ser. 

  Tic, tac. Tic, tac. Los años pasan. Me estrello con la realidad y ésta me dispersa en pedazos. Me duele el alma más que mi cuerpo, ya enjuto. 

  Ahora apoyado en mi cayado, camino, no hay destino, sólo contemplar cómo la vida se va. Estoy cansado, hermana parca, llévame ya.

AL OTRO LADO DEL TÚNEL



  Sabía que faltaba poco para abandonar el cuerpo que me sirvió con fidelidad durante décadas. En ocasiones te dejaba mas siempre volvía, mi alma anhelaba mi Hogar, aquel en el que reposaba y tomaba nuevo aliento ante las dificultades que conllevaba fusionarse con la densa materia.

  Mi corazón palpitaba agitado queriendo enviar con celeridad la savia de la vida hasta la última de mis células. Sentí una punzada en mi pecho, el ritmo cardíaco desaceleraba hasta ser imperceptible. Es la hora...

  De pronto oscuridad, silencio, abandono, el mismo de la hoja mecida por el viento con rumbo incierto.

  Me dejé llevar, libre, sin atadura. Miré por última vez a mi viejo traje. Gracias, le dije.

  Mi atención se centró en comprender dónde estaba. Una luz tenue me 'llamaba'. No tenía intención de ir hacia ella, quería explorar mi nuevo mundo...

  Sin saber cómo la luz me rodeaba, mi voluntad poco ha podido hacer para impedirlo. Parece que un poder inconmensurable guiaba mi ser. Dejé hacer...

  Nuevamente la negrura más absoluta. Paz, sólo paz. Sin cuerpo, sin forma. Nada me preocupaba. Necesitaba descansar y entré en un profundo sueño.

  No sé cuanto tiempo transcurrió, ¿un segundo, siglos? Me hallo ahora en un túnel  pegajoso, donde mi piel se adhiere. Estoy despertando, percibo luz al fondo, está vez es distinta. No me llama, no es necesario. Quiero ir. 

  Una fuerza tras de mí me empuja hacia la luz. Ahora soy consciente de que estoy en un cuerpo, sin darme tiempo a más me siento absorbido por algo. Mi alma la siento empequeñecer y escucho un palpitar, ¿un corazón? Sigo su ritmo. Ahora otro...

  El llanto de un niño. El mío. ¿Dónde estoy?

  Una voz me susurra: “Estás al otro lado del túnel. Bienvenido de nuevo al mundo terrenal. Has olvidado todo lo ocurrido al otro lado del velo, tu Hogar. Así lo has decidido".

  Pero, ¿si hace un instante que abandoné mi viejo cuerpo?

 - “Ya sabes que el tiempo no es nada al otro lado. Aquí han pasado varios años. Ha habido cambios drásticos y el mundo está sumido en una disyuntiva existencial. Es necesario que todo el potencial espiritual disponible se ‘embarre' para elevar las almas encarnadas hasta un punto de no retorno. Que las viejas leyes humanas caducas se diluyan como un azucarillo en agua y sean sólo un recuerdo, uno más. Que algo más que esperanza se materialice ante el desánimo. Has olvidado, mas llevas grabado a fuego qué has de hacer. Mira dentro de ti. Ahí está cuanto necesitas para conseguirlo.”

  ‘Olvido'. Otra vez. Difícil permanecer en este mundo si la nostalgia nos acecha. Entiendo y sé que el Fuego Eterno anida en cada alma. Si todas sintiéramos su calor qué fácil sería que éste ascendiera por nuestro cuerpo. Sólo el Amor lo puede conseguir...

De esto se trata: llevar Amor, nada más. Todas las almas estamos llamadas y el potencial es tan grande... La ocasión es única. Escuchar en el silencio... está al alcance.

   Miré fijamente a mi madre. Ambos corazones entonaban al unísono un canto de Amor. Tomé mi primer sorbo de leche materna.

  A éste y el otro lado del túnel el Fuego Eterno alimenta nuestras almas. Es hora de compartirlo. El tiempo es Ahora.

 


BAJO LA LLUVIA

 



Cuando menos lo esperas, a veces uno no quiere ver la realidad, el cuerpo da señales de agotamiento y puede que algo inevitable: el final está cerca. Uno intenta convencerse que no es nada, algo pasajero, de lo que mañana, al despertar, pensarás que fue un mal sueño... Hasta que el dolor te saca del sopor y vuelve a recordarte de lo efímero que es nuestro paso por este mundo. ¿Debe uno prepararse para el momento de la partida, mirar a otro lado como si no fuera con uno o seguir el día a día como lo más maravilloso que la Vida nos ofrece?

No sabemos con certeza de dónde venimos ni a dónde vamos. Sí sabemos que estamos aquí y ahora y que todo cuanto tenemos, o más bien creemos tener,  no podemos  retenerlo. Los recuerdos se esfuman  como humo que se aleja para no volver. ¿Qué nos queda, a qué podemos asirnos para pasar el trance inevitable de la muerte saliendo victoriosos? ¿Nos espera un sueño eterno, el vacío más absoluto,… la nada?

El dolor me vuelve al presente. No, no me dominas, sólo haces que mi pensamiento pare en seco. Mas no soy lo que pienso o siento,  ni siquiera este cuerpo enjuto. Tengo mis dudas del cómo, pero sí sé que volveré de donde nunca partí.

Hermano dolor, gracias por este instante de lucidez. Espero despedirme de ti con dignidad, con la misma con la que te sentí por primera vez allá en un tiempo que no encuentro en el almacén de mi memoria.

Mañana volveré a soñar, a reír y bajo la lluvia empaparme una vez más. Brotaré de las entrañas de una nueva tierra y gritaré: ¡estoy vivo… una vez más!

SOY YO, MI ALMA

 


Busco mi alma como la noche anhela el día.

¿Por qué te ocultas?

« Siempre estoy ante ti. Te digo más, estoy en ti. No me reconoces porque aún dudas de mí… De ti.

»Eres fuego, agua, viento, tierra… Y mucho más.

»Soy yo quien en un instante de eternidad olvido para recordar. Me pierdo para encontrarme… en ti. Muero para vivir. Vivo para morir. 

»¿No ves que tu razón es mi sinrazón? Te desequilibro para que rompas esquemas caducos. Si saltas al vacío no es para que seas un héroe sino simplemente un ser humano, un amante de la vida. 

»No, no te pido que confíes, que creas sin ver. Quiero que sientas tus descalzos pies embarrarse hasta que se fundan con la tierra que te vio nacer. Si caes, tienes el poder de levantarte. Si mueres serás uno con el barro que moldearás una vez más.

»Día y noche, ¿qué son en realidad? Hay otro sol que te ilumina. No lo busques.»


EL ENEMIGO



 Para vencer a tu enemigo

mírate dentro, 

ahí vive el más implacable. 

No luches contra él,

 arrópale con amor,

porque de nada te sirve ganar una guerra

 si no estás en paz contigo mismo... 

Resurgirá indefinidamente.

Tus demonios nacen y mueren en ti.


TENGO DERECHO



Tengo derecho a una infancia feliz y a una pensión digna en mi vejez.

Tengo derecho a un trabajo creativo  y no maquinal. No soy un número.

Tengo derecho a una vivienda digna y no a malvivir hacinado o en la calle.

Tengo derecho a una educación que fomente el humanismo y no la competitividad.

Tengo derecho a una alimentación sana, no adulterada.

Tengo derecho a una Sanidad pública eficiente.

Tengo derecho a que mi integridad física, emocional y mental sean respetadas. A nadie se le ha dado el poder sobre la vida de los demás -no eres ningún dios, sino la unión de un óvulo y un espermatozoide; cuando des el último suspiro lo entenderás. 

Tengo derecho a que se respeten mis ideas, del mismo modo en que respeto las de los demás. Nadie debe imponer, ni siquiera con engaño o fuerza, las suyas.

Tengo derecho a que se respete mi identidad sexual, mi origen étnico así como el color de piel. La diversidad engrandece a la humanidad.

Tengo derecho a que se respeten mis creencias, ya sean religiosas o laicas. Nadie está en posesión de la verdad.

Tengo derecho a vivir en un país solidario, que ayude a otros en su desarrollo, al mismo tiempo que lo es con sus paisanos.

Tengo derecho a que la riqueza generada entre todos se comparta sin ser acaparada por unos pocos. El dinero no te hará feliz sino un esclavo amargado.

Tengo derecho a ser informado con veracidad de cuanto acontece en la sociedad. La mentira y la manipulación tienen corto recorrido. La crítica y la autocrítica han de ser positivas -la envidia corroe a quien la sufre.

Tengo derecho a una muerte digna, respetando mi última voluntad.

Tengo derecho a ser felizmente imperfecto. Estamos de paso por este mundo… ¡A disfrutarlo!

Tengo la obligación de trabajar porque estos y otros derechos se hagan realidad.

SIN RUIDO



Me voy como llegué,
sin hacer ruido.

Susurros al alma fueron mis palabras,
esparcidas por el viento,
rumbo al Sur, al Este,
al Norte y al Oeste...
A tu corazón.

Cuando amanecí anhelé el atardecer.
Contemplo la última puesta de sol.
Es más que un deseo,
una necesidad vital.

Cumplí mi papel,
fiel al eslabón de una cadena sin fin.
Vuelvo al océano de la vida,
en silencio.

Tal como llegué, partí...
Sin hacer ruido.


LA LLAVE



Pasado, presente, futuro.
¿Qué sois?
¡Nada!
Viajo por el tiempo como ave enjaulada.
¿Cómo romper estos barrotes?
Me ahogo,
necesito respirar... Volar.
Mis alas quebradas están.
¿Quién tiene la llave de mi ansiada libertad?
¿Tú?
¿Yo, quizás?
¿Soy un sueño,
nada más?
Anhelo despertar.


COMO TU PADRE



Nací en las entrañas de mi tierra,
milenios hace.
Crecí con el calor del Sol.
Mis raíces en ti, Madre.
Con tus elementos me adornaste,
mas un día,
me revelaste,
un tesoro escondido en mi interior,
joya de diamante.
Me susurraste:
“Susténtalo, un día serás como tu Padre”.





DEL HOMO SAPIENS AL HOMO SPÍRITUS



Mucho hemos andado desde que el primer ser pensante se irguió sobre esta Tierra. Millones de años nos separan y sin embargo para la historia de nuestro Universo quizás sea como un segundo.

¿Fuimos nosotros mismos los que vivimos entonces luchando simplemente por sobrevivir? ¿También los mismos que decidieron formar grupos, clanes, tribus… para en común, uniendo fuerzas y, por qué no, inteligencia, poder perdurar como una familia, donde ancianos, jóvenes, mujeres y niños convivían en paz? ¿Quizás también fuimos los que un día exploraron tierras inhóspitas buscando respuestas que en la tribu no encontrábamos?

¿Fuimos nosotros los que nos preguntamos si la vida es algo más que sobrevivir, algo más que vegetar… hace, también, millones de años?
¿La vida es sólo una sucesión de vidas y muertes a lo largo de las edades? ¿Trascendemos a tal destino? ¿Hay algo que une todo cuanto ha acontecido, acontece y acontecerá en este mundo?
¿Procedemos originariamente de esta tierra o somos semilla de estrellas? ¿Estamos aislados, desconectados, de la realidad de cuanto acontece en el Universo?

En el desarrollo de nuestra capacidad de pensamiento hemos encontrado muchas respuestas encaminadas a hacernos la vida más placentera. Si miramos atrás, ha habido un gran avance tecnológico en muy poco tiempo. Objetivamente, es un milagro lo que estamos viviendo si lo comparamos con sólo, doscientos años atrás. ¿Qué pensaría uno de aquellos habitantes con lo que encontraría hoy, caminando por las calles, entrando en una vivienda de una gran cuidad…?

Hay algo que no parece haberse desarrollado a la par: las respuestas a las preguntas esenciales… ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Desde el albor de los tiempos estas preguntas nos acompañan, generación tras generación. Muchas respuestas, pero, ¿cuántas han convencido a todos? ¿Cuántas han degenerado acabando siendo grandes mentiras que han servido para que una casta se haya erigido en los únicos intérpretes y poseedores de la “verdad” manteniendo a la inmensa mayoría en la ignorancia, por no decir también oprimidos socialmente?

Hoy, el ser humano, está capacitado para encontrar por sí mismo respuestas. Hoy no necesitamos que nadie nos lleve de la mano. Hoy, tras muchos fracasos, errores, callejones sin salida, podemos encontrar, no la gran verdad, sino, si somos capaces, una pequeña verdad que nos sirva para dar un paso, un gran paso, en nuestro desarrollo espiritual.

Cuando hemos tenido la muerte ante nosotros, no hay uno solo que no se acongoje, no se inquiete y seguramente sienta temor. ¿Cuántos hemos tenido alguna experiencia que trascienda esta realidad cotidiana? Muchas y muchos. Hay una realidad que convive con nosotros desde que el tiempo es tiempo y nos toca, ya es hora, darle nuestra interpretación sin temor a equivocarnos.

Nos toca, con humildad, del mismo modo en que nuestro cerebro se ha ido incrementando y siendo más inteligente, desarrollar más nuestra “alma”, nuestra capacidad de sentirnos unidos a toda la vida que nos rodea, empezando por lo más cercano y abarcando la más lejana estrella.

Quizás sea dentro de cada uno donde encontremos la senda de nos une al Universo. Quizás nuestra alma no tenga un órgano donde residir… porque abarque la totalidad.

Quizás, solo quizás, seamos los artífices de cuanto existe. Pero es algo que cada uno debemos descubrir, que nadie nos puede enseñar.
La espiritualidad, posiblemente, sea el camino. Como dijo alguien hace unos dos mil años: “Ama al prójimo como a ti mismo”. Suena a palabras sencillas, lógicas. ¿Por qué complicarlo?
Empezamos hace eones a pensar, nos autoproclamamos “homo sapiens”, toca ahora sentir, convertirnos en “homo spíritus”.


EL MONASTERIO



  Una larga jornada llegaba a su fin. En el horizonte ya podía contemplar el monasterio al que me dirigía.  Tras él, imponentes montañas colmadas de nieve perpetua, su visión me trasladaba al pasado, cuando siendo aún joven traspasé las puertas por última vez creyendo que nunca más volvería al que fue y sigue siendo mi hogar.
  Un alto en el camino hasta el alba… Junto a unas rocas, que me servían de protección ante el viento reinante, decidí pasar la noche. El Sol había desaparecido y poco quedaba para que el silencio nocturno fuera sobrecogedor, como siempre lo es aquí. Pocos caminantes se atreven a atravesar los desfiladeros que te sumergen en esta incógnita región del Himalaya, y aún menos saben de la existencia del monasterio. Éste nunca ha acogido a peregrinos y pocos han sido los monjes que han traspasado sus puertas; no es un centro de aprendizaje al uso, sino más bien el corazón, el alma, de un entramado que se extiende por los confines del mundo de un modo que pasa desapercibido a los ojos humanos.
  Abrí los ojos ante un nuevo amanecer. Buitres revoloteaban en un cielo raso oteando el terreno, esperando que algún animal moribundo les sirviera de festín…, son pacientes. Tras un frugal desayuno emprendí la marcha. Aunque es primavera, el frío calaba los huesos y caminar es un buen modo de calentar el cuerpo. El corazón palpitaba con intensidad. Hacía tiempo que no sentía en mi ser esta agitación. Aceleré el paso, pues quería llegar antes del atardecer, aún quedaba un escollo por salvar y pretendí solventarlo con la luz del día. Llegué, tras horas de marcha, ante una bifurcación que a cualquiera confunde. Por un lado, una ladera escarpada y al fondo un valle que incita a recorrerlo, llevándote nuevamente a la civilización; por otro un muro de piedra infranqueable cuya inmensidad impone. ¿Quién se atrevería en su sano juicio a escalarlo? Nadie… salvo unos pocos locos o quienes saben qué se esconde detrás… Sólo un pálpito hace que uno se arriesgue a intentarlo. Lo hice hace ya tantos años que casi no recuerdo que casi me cuesta la vida y, sin embargo, fue la mejor decisión que tomé. ¿Locuras de juventud? Quizás algo más… 
  Ahora mi cuerpo ya no es el mismo, está enjuto, gastado por los años… Parado frente a la pared tomé aliento. Miré hacia arriba, parecía un guardián receloso ante cualquier forastero. Me senté, mi respiración jadeante poco a poco fue calmándose. Cerré los ojos y esperé… 
  La barrera dejó de existir. Ante mí, dos pilares sostenían un portón con dos hojas colosales policromadas con distintas tonalidades de ocre amarillo, anaranjado y rojizo. Se abrieron de par en par, con un chasquido que helaba la sangre. Nada podía ver excepto la oscuridad. Me incorporé lentamente, como quien se encuentra ante un lugar sagrado, no por reverenciarlo, sino por la pequeñez que mi alma sentía ante lo que escondía. Con paso decidido me adentré, las puertas se cerraron tras de mí. Nada podía contemplar y aun así seguí caminando en línea recta entre tinieblas. Es como adentrarse en las profundidades del alma, en los rincones donde lo inconfesable se manifiesta y… ¡vaya si lo hace! 
  Paré. Volví a percibir cuanto aconteció en mi larga existencia como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Esta vez, fue diferente: me sentí como un observador impávido. No, no me dejé arrastrar por las emociones, ni las de otros ni las mías. Comprendí que los hechos no son relevantes, ya que éstos son humo que el viento lleva lejos hasta desaparecer; queda la sabiduría que la experiencia lleva implícita si somos capaces de captarla, o seguir sumidos en la ignorancia de uno mismo hasta una próxima ocasión.
  La luz fue haciéndose dueña del lugar, si es que puede llamarse de este modo al espacio donde me encontraba. Pudiera parecer fruto de la mejor novela fantasiosa -el alma sabe-, mas no lo es. Mi cuerpo dejé de sentirlo, aunque no es el término más adecuado, ya que “mi cuerpo” en este momento de eternidad es todo cuanto haya podido existir, existe o existirá. Duró un segundo tal estado, para nuevamente “recuperar” la forma con la que me identificaba, o eso creía… Toqué con mis manos mi rostro, mis piernas y, aquí estaban.
  Un patio empedrado ante mí me acercaba a una edificación modesta, hecha de madera y piedras, artesanalmente encajadas. Entré en su interior, parecía que todos sus habitantes habían desaparecido, o quizás estaban afanados en otras labores lejos de aquí. De pronto, escuché mi nombre, era una voz lejana que me hizo sonreír. Giré la cabeza y ahí estaba él, mi viejo maestro. Se aproximaba dando grandes zancadas. Estaba contento de verme… Nos abrazamos como sólo lo hacen los amigos de verdad, los hermanos del alma. Una lágrima caía de mi mejilla, de pura alegría. Respiré profundamente queriendo eternizar el tiempo.
  Estaba igual que entonces. No sé cómo lo conseguía, o tal vez sí…
  ‒Voy a preparar un poco de té, ‒me dijo.
  ‒Gracias, aún tengo helado el cuerpo, ‒sonriendo le contesté.
  Un destello de luz atrajo mi atención. Me acerqué. Era un espejo y, cual fue mi sorpresa al verme reflejado en él. ¡Mi rostro no era el mismo y, aun así, me reconocía!
  Llegó él con dos tazas. Me invitó a sentarme.
  ‒¿Te pasa algo? ‒me dijo.
  Me costó pronunciar palabra. Tomé un poco de té y le contesté con una pregunta:
  ‒¿Qué me ha pasado, lo sabes?
  ‒¡Claro! Eres tú, el que siempre has sido, eres y serás. Tienes una apariencia, pues estamos en el universo de las formas. ¿Por qué ésta y no otra?, me dirás. Pues porque es con la que te sientes más identificado, aunque se remonta a un tiempo remoto es la que vas construyendo día a día, existencia tras existencia. Recuerda que todo es cambio y en éste permanecemos inalterables.
  Me guiñó un ojo y siguió tomando el té en silencio. Yo hice lo mismo.
  ‒Ahora descansa. Ha sido un largo día, mañana verás a los demás monjes. Saben de tu llegada y están deseando verte. Hay mucho que hacer… ‒me aseveró.
  Sí, mucho, me dije en silencio.



SIMPLEMENTE SOY



Yo existo y no necesito demostrarlo.
No es un acto religioso.
Soy la suma de billones de células.
Cuando éstas se disgregen,
yo me disolveré con ellas y,
sin embargo,
seguiré existiendo,
como ya lo he hecho antes.

Tomaré "barro" y seré nuevamente uno con él...
Como lo he sido infinidad de veces.
Soy simplemente la Vida.
No hay nada que demostrar...
Sólo disfrutar.


LA AMISTAD



Un amigo es quien te llega a conocer,
porque ha sabido esperar el momento
en que abres tu corazón.
Te mira a los ojos y nada te dice,
porque todo lo calla.

Te observa en silencio, con bondad.
Te pide ayuda,
porque sabe que estás siempre dispuesto.
Te da aquello que más le costó conseguir,
aun sabiendo que nunca lo recuperará.

Ve como pasan los días,
los meses, los años,
siempre a tu lado.
Te trata con respeto,
compartiendo tus silencios,
escuchando tus susurros
y limpiando las lágrimas que brotan de tus ojos.
Rie contigo y se alegra de tu buena estrella.
No le importa tu forma sino tu fondo.

Camina junto a ti y tú junto a él,
de la mano,
sabiendo que somos nubes…
que un buen día nos convertimos
en la lluvia que se derrama
en el espacio para llegarte a ti
que lees estas gotas de…
sincera amistad.



MI TIEMPO



Siete de enero, cinco de mañana.
El frío atenaza en el exterior.
Un grito desgarrador rompe el silencio.
Carreras a uno y otro lado de la habitación.
Se acerca el momento.
Quiero salir, lo necesito, por ella y por mí.
Demasiado tiempo atrapado mi cuerpo en otro cuerpo.

Ya llega la comadrona y el doctor.
Todo está listo, sólo falto yo.
Intento salir pero no puedo.
Veo luz al final de un túnel.
Necesito un empujón.
¡Madre! Grito sin voz.
Un cordón me une a ti...
¡Aprieta! Oigo tras la coraza que me aisla del mundo exterior.
No vengo para quedarme,
ni siquiera para sufrir.

¡Madre! ¡Ya es la hora!
Mi alma desciende el último peldaño.
Doy un paso y... la luz ciega mis ojos.
El primer llanto...
Que no será el último,
presagia el "doc".

¡Olvida! ¡Olvida!
Esta vez la voz sale de mi interior.
Y yo, olvido... quien fui, soy y seré.

Han pasado muchos años,
escribo páginas en blanco,
casi gastado mi tiempo.

Padre, hace frío.
¡Madre, necesito tu calor!

Ahora veo otro tunel...
Doy un paso.
Subo un escalón.
Miro atrás y quien fui no recuerdo.
Al fondo la luz.



SINFONÍA



Otros nombres, otros rostros. Muchas tierras pisaron nuestros pies. Alentados por un deseo innato grabado a fuego, acordamos un nuevo encuentro y aunque nuestras personalidades sean hoy completamente diferentes y aun bañadas por la amnesia, un hilo conductor haría posible lo que nuestras almas anhelan. Nos planteamos nuevos retos, sabríamos que viejos conflictos podrían aparecer, más también conocíamos la fuerza que nos habita y los acabarían disolviendo. Somos capaces de comprender la singularidad de nuestro proyecto: un instrumento diferente a otros tocando en una sinfonía, una sinfonía inacabada que espera nuestra aportación creativa. Puede que con sonidos estridentes mientras ensayamos, descompasados… Posiblemente tardemos tiempo en alcanzar un sonido mínimamente aceptable, pero, ante todo, es y será el nuestro, nacido de nuestras entrañas. 

En cada una, en cada uno, está la melodía inscrita, tiene el ritmo que nuestros corazones quieren imprimirlo. Dejemos que siga fluyendo y nuestras personalidades dancen al compás, cada una diferente, mas imprescindible. Aunque tenemos todo el tiempo del mundo, es ahora cuando “los astros se han confabulado para que así sea”, porque nosotros lo hemos decidido así.

Ofrezcamos la singularidad de nuestra alma, dejemos que nuestra personalidad esté en sintonía con ella. Trabajemos en la cotidianeidad, donde nuestros pies tocan tierra, pues el instrumento que tocamos no sabe de barreras de tiempo ni espacio. Paso a paso, sabiendo que no estamos solos. El Sol que tú ves es el mismo que veo yo.

Yo escucho el sonido de tu alma, ¿escuchas tú el mío?

Una sinfonía está sonando. Unas palabras la acompañan: “Escucha la canción de la alegría…”


COMO MI ALMA



Una hoja cae...
La última.
El árbol se desnuda... como mi alma.
Día a día,
tras las lluvias de otoño,
bajo el rigor del invierno,
acabará disolviéndose... como mi alma.
Volverá la primavera... como mi alma.


SOY EN EL NO-SER




Contemplo mi vida, con sus alegrías y tristezas. 
Cuando veo el camino transcurrido, siempre acabo mirando el agua serena del lago. Veo a quien no es y sin embargo ahí está. Lo toco y se disgrega, volviendo instantes después a mostrarse como antes. 
Me levanto y sigo mi camino. ¿Habrá desaparecido mi rostro con mi partida, o algo de mí permanece en el lago para siempre?
Levanto la vista hacia la bóveda celeste. En la despejada noche, elevo mi mano hasta “tocar” una estrella con un dedo. ¿Qué nos separa, qué nos une? 
Soy en el No-ser. 
Sigo caminando, eterno peregrino.


ESTAMOS DE PASO



Hacía tiempo que no los veía, desde el último verano y, sin embargo, les echaba de menos. Nuestras conversaciones solían ser breves, chapurreaban un poco el castellano y yo, más allá de hola y adiós en su idioma, nada. Ellos, un matrimonio de alemanes, pasaban sus últimos años de vida en la costa levantina disfrutando de un sol que les costaba ver en su tierra.
La playa solía ser nuestro lugar de encuentro. Eran madrugadores y siempre los primeros en deleitarse de un baño reparador. Para mí un poco fría a horas tempranas. 
Yo prefiero caminar a la orilla del mar, dejando que el agua acaricie mis pies; contemplando la distinta tonalidad, azul, turquesa, gris… que adquiere éste en lontananza, nunca es la misma. Después sí, dejo que el agua cubra mi cuerpo, meciéndome como un bebé en la cuna. Cierro mis ojos y olvido. Olvido cuanto me aleja del silencio, sólo escucho el dócil oleaje rozando mi piel.
Hoy, cuando pensaba que su alejamiento era definitivo, temiendo lo peor -estamos de paso, como dice una vieja canción-, los vi. Sonrieron. Sonreí. Nos abrazamos. 
Supe enseguida el motivo de su larga ausencia. La calvicie de ella delataba la causa. Cáncer. Los dos, como niños, trataban de explicar lo sucedido meses atrás. La dura lucha para vencer el pesimismo y la depresión; el paso por el quirófano; las sesiones de quimioterapia; las analíticas dando resultados esperanzadores… Hoy, ambos, se sentían más vivos que nunca.
Felices de poder sumergirnos, una vez más en las cálidas aguas del Mediterráneo, nos adentramos lentamente, disfrutando del instante, único en la eternidad. 
Hoy aquí, mañana… “qui lo sa”.



CONTIGO



Ya han pasado dos meses desde que te fuiste. Dura batalla la que has vivido hasta que ya, sin fuerzas, decidiste exhalar tu último aliento. Soltaste el aire, el poco que pudiste guardar en tus pulmones gastados tras largos años de resistir los embates de la enfermedad, estando ya inconsciente.
Días atrás mostrabas tus dudas lógicas, de si habría algo más al morir. Te costó abrir tu alma, pues esto significaba que empezabas a aceptar que el final estaba próximo... y no querías. Buscaste aferrarte a la vida ilusionándote con nuevos proyectos. “Voy a hacer…”, decías una y otra vez. Mirabas tras la ventana las montañas y preguntabas: “¿Cuándo voy a salir de aquí?” Yo callaba sabiendo que lo inevitable se acercaba irremediablemente. Lo hice hasta el final. Y, aún hoy sigo en silencio pues los recuerdos de tu larga agonía, innecesaria desde un punto de vista humano, prolongaron los latidos de tu corazón más allá de lo razonable. ¿Qué sentido tiene tal sufrimiento a tu alma? ¿Consecuencia de tu modo de vivir donde la realidad de tu existencia acababa con la muerte? ¿Tenías algo pendiente que hacer que te impedía marchar?
El miedo te atenazaba noche y día. En algún momento intentabas preguntar de soslayo sobre algunas de las experiencias “extrañas” vividas por tu hermana, por mí. Querías creer, pero tu razón negaba una y otra vez la posibilidad de lo “imposible”. No, no había nada que demostrar. Sabíamos que pronto te encontrarías cara a cara con la otra realidad y, lo que tu ser pedía a gritos era… afecto, aquí y ahora.
Tu mano solicitaba las nuestras una y otra vez y, hora tras hora, acompañado de una sonrisa, es cuanto te dimos y aceptaste.
No querías que la muerte te acariciara en soledad y tu deseo fue cumplido… A ambos lados del decorado de la Vida, quienes te amamos, estábamos contigo. Estamos hoy contigo.



SOMOS GENTE CORRIENTE



Nos esforzamos día a día para que quienes están a nuestro cuidado tengan lo necesario para crecer y progresar como seres humanos dignamente. 
Nos levantamos cada mañana antes que el sol salga por el horizonte para traer el pan de cada día a una mesa sencilla.
Tenemos dignidad, no “vendemos” nuestro cuerpo, ni siquiera lo “alquilamos”. Nuestras manos se manchan, se hieren, encallecen, pero nuestra alma sonríe porque valoramos lo esencial de la vida: hacer todo con amor. No hablamos de amor continuamente, nos cuesta pronunciar tal palabra… preferimos una sonrisa y una mirada a los ojos de quienes encontramos en nuestro caminar; mas sabemos el fuego que arde en nuestro interior.
No pretendemos destacar, salir en las noticias. Trabajamos desde el anonimato creando unos cimientos bajo tierra, a gran profundidad, pues el edificio que estamos construyendo llegará a ser más alto que cualquiera pueda imaginar. Podemos formar parte o no de alguna organización que trabaja por un mundo mejor. Nos sentimos unidos igualmente, ya que nos sabemos miembros de una humanidad que está descubriendo la fraternidad. 
Traemos en nuestra memoria genética la acción. Somos hacedores, encargados tanto de destruir como de construir; de hecho nos encargamos de que caigan y se disuelvan aquellos organismos que impiden el crecimiento, tanto de la humanidad como de cualquier otra forma de vida en este planeta. No es por azar que salga a la luz la podredumbre, es necesario que descubramos nuestra enfermedad para dar el tratamiento adecuado, evitando así arrastrar de por vida una enfermedad larvada que pueda volver a dañarnos. Construimos donde sabemos que se está a la escucha, donde ya se ha tocado “fondo” y sólo queda “ascender”… aunque el “viaje” es interior.
Tenemos muy claro nuestro objetivo. Somos firmes en nuestro proceder, capaces de tender una mano allá donde sea necesario aun a costa de nuestra vida si fuera necesario; cada día nos entregamos al otro, porque es ya parte integral de nuestro ser. 
Nuestros rostros revelan la profundidad de nuestras almas, algunas ya muy “viejas”, otras muy “jóvenes”, mas todas amantes. Nuestras manos trasmiten igualmente el calor del fuego interno, pues sabemos que uno solo nos alimenta. Nuestros pies descalzos se funden y acarician la tierra sin dañarla.
Nos hemos forjado tanto en la alegría como en la tristeza; en la fe tanto como en la desesperanza; en la ilusión tanto como en la decepción; en el gozo al igual que en el sufrimiento; en el conocimiento del mismo modo que en la ignorancia… Somos hijas e hijos de la Tierra tanto como de otras “Tierras”. Hijas e hijos de la experiencia, de la fusión del Ser con el Ser: la Dualidad reflejo de la Unidad.
Somos únicos, importantes, valiosos, capaces, valerosos, sublimes… Dignos de existir eternamente. Somos el equilibrio en busca del equilibrio. No eres, no somos, ni más ni menos que nadie. No nos infravaloramos ni sobrevaloramos pues tú eres semejante: la Hija, el Hijo, de la Vida Una. 
No adoramos a nadie pues en cada uno nos sabemos el SER UNO. Tampoco necesitamos interlocutores entre nuestro ser y nosotros, pues hemos comprendido que no hay “dos” sino Uno en “dos”. Que el “dos” crea al Uno continuamente, que el Uno se recrea eternamente; se conoce y se reconoce en el “dos” siendo Uno. Somos nuestros propios sacerdotes.
Nacemos y renacemos continuamente, pues nunca dejamos de existir. Tan solo experimentamos las múltiples facetas del Ser. La muerte no tiene cabida en nuestro corazón y nos alegramos tanto en la “venida” como en la “ida”, pues siempre estamos en los dos lados… que son uno solo.
Nuestra historia es la tuya. Somos gente corriente y vivimos en todos los estratos de la sociedad.



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