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EL VIENTO NOS LLEVA

 


  Fueron largos años que parecían no acabar y que tampoco yo lo quería. Todo transcurría sin sobresaltos: familia, amigos, trabajo… ¿Qué más se podía pedir a la vida? Nada. Hasta que la enfermedad llamó a la puerta. Trabajo, amigos e incluso familia huyeron en desbandada. ¿De qué cimientos estaba construida sus vidas y la mía? Si ya no tienes nada que dar salvo problemas; si ya te han exprimido hasta agotarte, sólo queda el autodestierro. Me desprendí de lo poco material que me quedaba y decidí alejarme de un mundo ilusorio, pero ¿a dónde ir?

  Así comencé mi peregrinaje sin rumbo, lejos de todo lo conocido. Tras años arrastrando mi enfermedad como mejor pude llegué a una aldea sin nombre, perdida entre montañas. Un joven sonriendo me recibió. No conocía mi idioma ni yo el suyo. No importaba, supo de mi necesidad. Me señaló una desvencijada choza. Seguí sus pasos…

  Compartió conmigo una taza de té. Dormí profundamente, cansado de mi eterno viaje.

  Mi fin estaba cerca, lo presentía y lo deseaba. Mi cuerpo era ya un desecho y mi alma reclamaba libertad…

  Llegó la noche. Mi corazón latía sin ritmo con pausas que presagiaban el final. Un último pensamiento surgió: ¿ha merecido la pena vivir? No respondí…

  Un rayo de luz despertó al joven anfitrión . Miró al anciano y comprendió enseguida qué tenía que hacer. Llevó el cadáver hasta una loma cercana. Posó el cuerpo inerte sobre una conocida roca plana. Enseguida sobrevolaron el lugar varios buitres, sabían que ejecutarían su cometido en el ciclo de la vida. Esperaron pacientemente su desmembramiento por parte del joven. En minutos estaba rodeado por una bandada de aves carroñeras. Él se retiró no sin mostrar antes su respeto, no a un muerto, sino al espíritu que le habitó.

 Permaneció sumido en sus pensamientos: “Lo que es de la tierra, a ella vuelve. Lo que es del espíritu pervive en el universo, en mí. El viento nos lleva...”.


BAJO LA LLUVIA

 



Cuando menos lo esperas, a veces uno no quiere ver la realidad, el cuerpo da señales de agotamiento y puede que algo inevitable: el final está cerca. Uno intenta convencerse que no es nada, algo pasajero, de lo que mañana, al despertar, pensarás que fue un mal sueño... Hasta que el dolor te saca del sopor y vuelve a recordarte de lo efímero que es nuestro paso por este mundo. ¿Debe uno prepararse para el momento de la partida, mirar a otro lado como si no fuera con uno o seguir el día a día como lo más maravilloso que la Vida nos ofrece?

No sabemos con certeza de dónde venimos ni a dónde vamos. Sí sabemos que estamos aquí y ahora y que todo cuanto tenemos, o más bien creemos tener,  no podemos  retenerlo. Los recuerdos se esfuman  como humo que se aleja para no volver. ¿Qué nos queda, a qué podemos asirnos para pasar el trance inevitable de la muerte saliendo victoriosos? ¿Nos espera un sueño eterno, el vacío más absoluto,… la nada?

El dolor me vuelve al presente. No, no me dominas, sólo haces que mi pensamiento pare en seco. Mas no soy lo que pienso o siento,  ni siquiera este cuerpo enjuto. Tengo mis dudas del cómo, pero sí sé que volveré de donde nunca partí.

Hermano dolor, gracias por este instante de lucidez. Espero despedirme de ti con dignidad, con la misma con la que te sentí por primera vez allá en un tiempo que no encuentro en el almacén de mi memoria.

Mañana volveré a soñar, a reír y bajo la lluvia empaparme una vez más. Brotaré de las entrañas de una nueva tierra y gritaré: ¡estoy vivo… una vez más!

DE LA MANO

   




Olas, una tras otra acarician la orilla del mar. Varias gaviotas ajenas a su vaivén otean la superficie buscando saciar el hambre, hoy al igual que hace miles de años.

  Una silueta humana se adentra lentamente rompiendo una ola, otra, hasta perderse en el horizonte. ¿Encontrará lo que busca al otro lado atraída por la luz de un sol misterioso tras el horizonte? ¿Volverá para desvelarnos sus secretos? Quizás…

  Mientras espero, cierro mis ojos, el susurro adormecedor de las olas mece mi alma inquieta. Silencio, quietud, vacío…

  Mi corazón alarga su cadencia lentamente hasta ser imperceptible.

  Abro mis ojos, el paisaje ha cambiado, aún estando a la orilla de ¿otro mar?. Un ser sale de sus aguas, me saluda. Le saludo.

  -¿Dónde estoy? -me pregunta. He realizado una larga travesía hasta llegar aquí.

  Le sonrío sin dar respuesta. Yo, tampoco lo sé.

  -¿Queríais saber qué esconde la luz? -Una voz surge a nuestra espalda-. Pues bien, vuestro origen y destino.

  ¿Quién pronunciaba tales palabras? Me volví y, quien parecía ser un anciano, nos sonreía, asintiendo.

  Al acercarse, su tez rejuvenecía por momentos. Tuve que frotarme los ojos.

  -Soy tú, soy ella. Soy vosotros. Soy todo cuanto veis y soñáis. Soy la luz y la sombra que proyectáis, vuestro pasado y futuro. Y, sobretodo, vuestro presente allá dónde estéis.

  Me atraía la profundidad de sus ojos. Su rostro mostraba un secreto: su androginia.

  -¿Eres nosotros, nuestra fusión?

  -Soy eso y mucho más. Lo iréis descubriendo poco a poco. Dejad un espacio vacío, una abertura a lo imposible en vuestras mentes inquietas. Y, no olvidéis lo más importante: caminad juntos, de la mano.


  Las olas rompen el silencio. Las gaviotas graznan surcando el cielo. La otra orilla parece lejana…

  Nos alejamos del mar, adentrándonos en la cotidianidad. Nos espera un nuevo día en esta realidad, juntos, de la mano, una vez más.





MIRANDO AL MAR

 



“Mirando al mar soñé que estabas junto a mí…”.

-¿Qué, cantando?

-Canturreando, más bien. Y, ¿cómo tú por aquí, también viendo las olas que vienen y van?

-Viendo la vida pasar.

-Hacía tiempo que no sabía de ti.

-Eso es porque andas distraído, siempre estoy a la vista.

-Pues benditos los ojos que te ven. Tendré que ir al oculista.

-Más bien a un buen psicólogo que te ayude a ordenar tu mente y desechar tanta ‘basura mental'. Mírate con los ojos del alma ante un espejo y verás que no ves nada.

-Dejé de mirarme en el espejo…

-¿Ya no confías en ti, en mí?

-Como creación mental está bien, como realidad independiente de mí ya es otro tema. Dejé de creer en dioses y demonios…

-¿Me vas a decir que soy fruto de tu mente? Pues es fácil, desconecta y se acabó, ¿dejaré de existir? Prueba.

-Pues mira, lo voy a intentar, así me libro de ti y tus laberintos existenciales.

-Ja, ja, ja…

-“Mirando al mar soñé que estabas junto a mí… 

Mirando al mar yo no sé que sentí que acordándome de ti lloré…

La dicha que perdí yo sé que ha de volver cuando yo esté mirando al mar…”


RADIO AMOR

 



-No entiendo el por qué de este olvido. Estar aquí, entre vosotros, viejos amigos, debería ser noticia y, sin embargo parece que somos miembros clandestinos de no sé qué grupo desestabilizador, -así abrí lo que mi alma sentía, sin adornos.


-No, amigo, hermano -dijo uno de ellos-, no somos clandestinos. Es mucho más sencillo: simplemente no existimos para el mundo porque no nos ven ni creen siquiera en la posibilidad de que sea posible. Vibramos a una frecuencia que ninguno de sus aparatos es capaz de sintonizar y, lo más gracioso es que estamos presentes en la misma Tierra que ellos pisan.


-Entonces, ¿por qué os veo y, por qué estoy aquí?


«Nos ves y estás aquí por tu sintonía. Has girado el dial lo suficiente para sintonizar ‘Radio Amor'. Como sabrás no eres el único. Sois muchos los que vais y venís con cierta asiduidad.

»Si hoy, ahora, estás aquí es para dar testimonio de nuestra realidad. Los que han abierto lo suficiente los pétalos de su alma buscan aún fuera lo que llevan dentro. Es ahí donde somos reales en vuestro plano de la realidad hasta que por la fuerza de un intenso amor de la humanidad se rasgue el velo que nos separa. Entonces sabréis que siempre estuvimos ahí, aquí, en una misma Realidad.»


-Entonces, ¿por qué está separación? ¿Sabes la sensación de sentirse huérfano, de faltarte algo vital y de vagar por el mundo tras perderlo?


-¡Claro que lo sé! No nací ayer, ni anteayer… Como tú he sufrido la misma ausencia. Sentir que la vida no tiene sentido cuando ves tanto sufrimiento, tanta sinrazón. Me rompí en mil pedazos, no una sino varias veces… Y me reconstruí, átomo a átomo, célula a célula. Así supe que tenía la posibilidad de crearme y recrearme. Tal poder no vino de fuera sino de la voluntad de amar a cuanto me rodeaba. Verlos sufrir, morir y desaparecer para ‘siempre' me mataba estando vivo. Ese amor rompió literalmente mi alma y, entonces contemplé quien era yo. Supe en mi ignorancia de mi eternidad. Existo sin existir, Soy sin ser… Soy el que ES, sin principio ni fin. Todo cuanto ves, cuanto fuiste y serás… SOY YO. 


-¿Cómo puedes tener un cuerpo, un rostro que no es el mío, si tú eres yo y yo soy tú?


-Tú me has creado a tu imagen y semejanza. ¿No lo recuerdas? Tú has creado todo, y cuando digo todo, es TODO. Yo soy tu creación como tú la mía. Por eso me buscas y nos buscan. Soy, somos, vosotros en vuestro futuro, el que estáis imaginando con el Amor que eres, sois, capaces de crear.


-Mi mente estaba confusa…


-¡Aquieta la mente!


Sus palabras las percibí como una orden y… callé mi mente. Al instante me miré los pies… ¡No los tenía! ¿Y mis manos? No estaban. Ni Él, ni ellos… Todo había desaparecido.

Y vi bombas caer… ¿Dónde estaba?


-Estás viendo lo que tú eres. Aunque de un modo algo brusco, estás desintegrando lo que fuiste… Nada temas, porque YA has creado un mundo nuevo, una Tierra virgen donde tú y todos los que tú eres, somos, habitaremos. Ya estamos habitando. Millones de rostros son tu rostro, el mío. En la Realidad YA ES.


Y así como lo viví os lo transmito. No espero que creáis mis palabras. Escuchaos a vosotras, a vosotros, porque tenéis la respuesta.

SOY YO, MI ALMA

 


Busco mi alma como la noche anhela el día.

¿Por qué te ocultas?

« Siempre estoy ante ti. Te digo más, estoy en ti. No me reconoces porque aún dudas de mí… De ti.

»Eres fuego, agua, viento, tierra… Y mucho más.

»Soy yo quien en un instante de eternidad olvido para recordar. Me pierdo para encontrarme… en ti. Muero para vivir. Vivo para morir. 

»¿No ves que tu razón es mi sinrazón? Te desequilibro para que rompas esquemas caducos. Si saltas al vacío no es para que seas un héroe sino simplemente un ser humano, un amante de la vida. 

»No, no te pido que confíes, que creas sin ver. Quiero que sientas tus descalzos pies embarrarse hasta que se fundan con la tierra que te vio nacer. Si caes, tienes el poder de levantarte. Si mueres serás uno con el barro que moldearás una vez más.

»Día y noche, ¿qué son en realidad? Hay otro sol que te ilumina. No lo busques.»


PATRIOTA



Nunca me he sentido un patriota, siempre lo he visto como una barrera, marcando distancia con los demás. Soy hijo de la Tierra, si ha de haber alguna patria que sea la humanidad.

Tenemos diferentes visiones de nuestra realidad, pero ello nunca debe implicar imponer la nuestra a los demás. El diálogo es vital, tanto como evitar que nadie se considere superior ni inferior. La diferencia es una cualidad.

¿Qué es más importante en un árbol, sus raíces, el tronco, las ramas, sus hojas,… el fruto? La naturaleza es sabía. ¿Por qué diseccionar lo que es una entidad. ¿Os lo imagináis discutiendo quién es mejor? Absurdo. No discuten, colaboran, pues su existencia es una labor de toda la unidad. 

Hay que reprogramar nuestro concepto de identidad. El ego no es superior, sino parte integrarte de una mayor entidad: nosotros.

Y, esta guerra, va de egos.

Es desde la infancia cuando hay que comenzar a cambiar, en casa, colegio, en la calle. Los que tenemos unos años tenemos esta responsabilidad. Así evitaremos que el ‘arbol' se tuerza y maleduquemos formando monstruos… como Putin.


EL PRECIO DE LA GUERRA

 


Mi niño llora,

le duele el alma. 

Tiene hambre,

sed,

nada le calma.


La noche oscura,

más negra el alba.

Él no comprende

lo que le pasa.


Ven a mis brazos,

mi niño querido.

Yo te protejo

cuando es preciso.


Escucha mi canto.

Siente mi mano

y mi corazón

que junto al tuyo

ya uno son.


No estés triste,

viene papá.

Marchó a la guerra,

pronto vendrá.


Duerme mi niño,

mi niño amado.

Mamá te susurra 

una canción,

habla de paz,

llena de amor.


Caro es el precio

el que tu pagas.

Mi niño llora,

le duele el alma.



KARMA

 


Poco antes del alba, me desperté sobresaltada. No sé si fue real o no, pero ahí estaba, fresco en mi mente. 

Llevaba tiempo cuestionándome mi actitud con los demás. Me reía de todos y a todos les amargaba la existencia, hasta el punto de que rehuían acercarse a mí.  Ya les había hecho demasiado daño. La verdad es que los odiaba, tenían lo que yo quiero y no puedo tener. Me sentía superior a ellos. Yo pertenecía a otra clase social por mis progenitores, los demás eran clase baja, escoria.

Mentía sin rubor para destruirlos. Lo peor es que había quien reía mis gracias y me crecí, hasta el punto que confundí la realidad con mis fantasías. Me creía reina y los demás mis súbditos, hasta esta noche…

He vivido en mis carnes lo que les hice. No sé como pero he sido cada uno de ellos. He sufrido su dolor, su angustia, su desazón. ¡Todos, sin excepción! Mis palabras dichas contra ellos rebotaban en ese estado de delirio. No podía soportarlo. Una y otra vez, sin cesar. Gritaba ¡basta ya! Pero no cesaban. Mi corazón parecía estallar y estalló…

Oscuridad y silencio. Tras un tiempo indefinido de no ser -palabra que utilizaba como un cuchillo y clavaba sin compasión- pude respirar y escuché los latidos de mi corazón. ¿Habré muerto?

No lo sé. Si esto es la muerte quiero vivir, salir de aquí, donde sea que esté. 

¿Hay alguien? Grité. No veo nada ni oigo nada. Noté mis pies y empecé a andar en medio de la oscuridad. A tientas intenté tocar algo, pero nada. ¡No había nada!

Todo parecía irme mal en la vida. Mis trabajos los perdía sin cesar, incluso me llamaban ‘gafe'. ¡Yo, que lo he dado todo! Eso creía en mi realidad.

Y, ahora me pregunto: ¿no será que la vida me devuelve cuanto le doy con intereses? Karma, que tontería… Con este pensamiento no me percaté que algo había cambiado alrededor. Una penumbra me permitía ver. ¡Estaba en mi habitación y mi cuerpo ahí, tumbado en mi cama! No podía ser y, sin embargo estaba. Me acerqué y lo toqué. ¡Dios mío! Lo he atravesado! Esto no puede ser real.

Algo noté a mi espalda. Me giré y ¡ahí estaban todos ellos, como fantasmas! Me sonreían. Y uno, al que no reconocí, algo más alto y fornido que el resto, me habló. 

-No eres gafe. La vida, como tú la llamas, tiene sus leyes, que no castigos. No hay más castigo que el  que tú te infringes. Todo cuanto haces tiene consecuencias y lo que das te vuelve multiplicado. Así que tú decides, eres tú propio juez. Has vivido en ti lo que tus ‘victimas' han sufrido. Nada te hicieron, salvo ayudarte. Pero tu soberbia era incapaz de percibirlo.

Bien, ahora es tu decisión cambiar las tornas. Lo que consideras negativo puede desaparecer al instante y dejar de ser ‘gafe'. Ahora, vuelve a tu cuerpo. Despertarás con una viva impresión de lo acontecido. Lo necesitarás para reafirmarte en el giro que vas a dar.

No le hice ni una sola pregunta, ahora me arrepiento. Parecía saberlo todo de todo y de mí. 

Y, aquí estoy, despierta. Algo ha cambiado en mí.


MI NIÑA




Llaman a la puerta. ¿Quién será?

-Somos inspectores de policía, sentimos comunicarle que su hija ha sido encontrado sin vida.

Recibir una noticia así es imposible de asimilar, razonar. Hace que te derrumbes como si el mundo se hubiera detenido... 

Volver atrás, un día, dos… Imposible. ¿Y ahora qué?

¿Cómo afrontar que se te vaya una hija para nunca más volver a verla, tocarla; escuchar sus risas, sus proyectos? Han truncado sus ilusiones y las mías. Vivo sin vivir en mí.

Me han enterrado en vida. ¿Por qué lo han hecho? No merecía este final. Recuerdo sus primeros pasos. El día que le se cayó un diente y venía preocupada a punto de llorar. ¿Por qué, Dios mío, por qué?

¡Qué agonía!

Respirar, necesito aire… Me ahogo en un mar de lagrimas… No dejo de repetirme… ¿Por qué?

Ha pasado el tiempo, pero yo no por él. Vivo el mismo día una y otra vez.

Hoy me llamó aquel atento inspector para decirme que el asesino salía de prisión. “Estoy a tu disposición para lo que sea". Se lo agradecí. 

Mis tripas se revolvían una vez más. Él en la calle y mi hija… ¿Dónde está mi hija? La llamo, sueño con ella y la veo en cada cosa que hago. No estoy loca o sí, no lo sé.

Pongo el televisor, necesito un poco de distracción, desconectar.

¡Y, ahí está él, cambiado, casi irreconocible, pero es él… El asesino!

¿Qué ven mis ojos y escuchan mis oídos? ¿Víctima? ¡La víctima mi hija, mis hijos, yo…!

Asco, repugnancia. ¡Rabia! ¿Cómo pueden entrevistar al asesino de mi niña? No es un héroe, no ha salvado a nadie, es un A S E S I N O.

Apago el televisor, no puedo más.

Vuelvo a la habitación de mi niña. Está todo igual, como aquel fatídico día que la envié a por pan.

Vuelvo a soñar…


UNA INTENSA LUZ

 




UNA INTENSA LUZ


Las aguas frías arropaban mi cuerpo enjuto.

Me dejé mecer vencido, agotado.

El fin, es el final, me repetía.

Recordé a quienes amaba, casi podía sentirlos, tocarlos.

Quisiera estar lejos, volver al lugar donde nací y viví, con los míos. ¿Es tanto pedir?

Poco a poco dejé de sentir, pensar. Me costaba respirar.

Se acabó…

¿Dónde estoy? ¿Estoy muerto? ¡Imposible! ¡Mis manos! ¡Veo mis manos! Reí, no sé si de nervios o felicidad. ¡Estoy vivo!

Una intensa luz me atrae. Cierro mis ojos. Vuelvo a mirar. ¿Qué o quién es?

Una silueta humana. ¿Te conozco? ¿Me conoces?

-Claro que te conozco y también me conoces, -una dulce voz escucho dentro de mí.

-¿Quién eres?

-Soy tú, el que siempre ES.

Me estoy volviendo loco. No puede ser verdad, es una alucinación.

-No lo es, respondió.

-¿Lees mi mente?

-Por qué no, si somos el mismo ser.

-No entiendo.

-Es que no va de entender, sino de sentir, de amar.

-Has cumplido con creces tu objetivo, tu misión.

-¿Qué misión? Extrañado le pregunté.

-Crecer en el amor. Este es tu objetivo, sólo necesitabas voluntad, la de entregarte en cuerpo y alma a los demás.

-Pero si no he hecho nada especial.

-¿Te parece poco tu esfuerzo cada día, poniéndote en último lugar, con tus hijos, tu esposa y con los demás?

-Nunca he pensado en mí, eso es cierto. Y querer a la familia es lo normal.

-Sí, es lo normal. Pero no es lo mismo querer que amar. “Yo quiero". ¿Entiendes? “Yo". Éste implica, aún sin saberlo, que el ego aún manda. Amar es desprendimiento, vacuidad. Pero no te preocupes, ya entenderás. Donde vamos, donde vas, es lo habitual.

-¿No vuelvo a casa?

-¿Y, dónde crees que estás?

-¿Y ellos?

-Están allí y están acá… Como tú ahora estás.

Unos pasos en un suelo que no sentí y, allí estaban ellos, mis padres, mi esposa, mis hijos… ¡Dios, qué felicidad!

-Así es, este es Dios, el de verdad.

Todos somos Él… Nosotros, más allá del tiempo y el espacio, aquí y ahora.


MARINEROS

 



MARINEROS 


El último abrazo 

y un beso interminable.

Atrás quedan mujer e hijos

y al frente un arduo trabajo.


Navegando en un océano implacable.

Buscando el sustento,

saciando el hambre.

Largos los días,

infinitas las noches.

Somos marineros,

hermanos en la mar.

Todos a una,

nos guía la estrella polar.


Nos jugamos la vida en cada partida.

Amamos nuestra labor, 

aunque mal pagada

lo hacemos de corazón.

Sí, tenemos miedo 

que zozobre la nave

y la mar nos trague.


Si un mal día no volvemos, 

recordad 

que es por vosotros lo que hacemos.

Por un presente y un futuro 

donde juntos estemos.


Y cada vez que os acerquéis a la orilla

mojad vuestros pies descalzos.

Tocad el agua con las manos.

Sentiremos vuestras caricias y abrazos.

No lloréis,

os amamos.




EL ENEMIGO



 Para vencer a tu enemigo

mírate dentro, 

ahí vive el más implacable. 

No luches contra él,

 arrópale con amor,

porque de nada te sirve ganar una guerra

 si no estás en paz contigo mismo... 

Resurgirá indefinidamente.

Tus demonios nacen y mueren en ti.


EL AMOR



 El amor es una semilla 

que hay que sembrar,

con agua amamantar 

y en tu regazo calentar.

Su raíz oculta,

sus frutos al Sol.

  Tómalos y compártelos.

   Serás Alma y Corazón.



CARTA A MI MADRE

 


Carta a mi madre


Mamá, te escribo por aquí porque me resulta imposible contactar contigo.

¿Sabes que te quiero?

Salí de casa hace ya unos años, tú sabes bien por qué. Ya no sé si fui una niña querida o solamente me soportabas. ¿Por qué descargabas en mí tu ira y tu odio contra mi padre? Al principio yo callaba, demasiado pequeña para alzar mi voz. Vivía en una duda insoportable, ¿era yo la culpable de vuestro desamor?

Y, fui comprendiendo… que no se puede dar lo que no se tiene. ¿Fui una niña deseada, o fruto de sexo sin amor? Eras muy joven, lo sé. Querías divertirte y rechazabas la responsabilidad de criarme. Pero llegué a este mundo y me convertí en una carga, en la ‘no deseada'. 

Mamá, dirás que nunca fue así como me trataste. ¿Quieres que hable, que diga lo que llevo guardado y que me carcome?

Desde que llegó tu nuevo ‘amor' todo fue a peor. Incomodaba vuestra relación. Él no quería hijos de otro, por no querer no te quería ni a ti. Al principio, a escondidas me trataba mal, con desprecio. Aparentaba…, pero acabó haciéndolo ante tus ojos, y tú callabas y asentías dándole la razón. Acabó siendo un infierno y no pude más, estallé. Sí, alcé la voz, grité, lloré, pataleé…, pero nunca te pegué, ¡lo sabes muy bien! Él le dio la vuelta a lo que pasó y urdió el plan perfecto para deshacerse de mí. Y tú, mamá, la que me pariste, me vendiste al mejor postor. Gritaste al mundo que era una mala hija, me denunciaste, y con tu testigo falso, me condenaste.

Hoy, mamá, no te guardo rencor. Lo he superado porque he conocido lo que es el verdadero amor. Espero que un día abras los ojos.

Espero noticias tuyas.

Te quiero, mamá.

Tu hija


PERDIDO



Cuando crees todo perdido. 

Cuando el pozo parece no tener fin.

Cuando te sientes señalado.

Cuando sólo deseas gritar ¡basta!

Escucha tu corazón.

Su tic-tac te recuerda que estás vivo, 

muy vivo.

Sonríe. 

Otros te sonríen y te quieren sin juicios, 

por puro Amor.



VOCES SOLIDARIAS



Dejé atrás mi tierra, 

la bandada.

¿Dónde vas? Burlándose, me decían.

Cansado de la monotonía,

de sólo vivir para comer. Respondí.

Emprendí mi primer vuelo en soledad, 

elevándome donde nunca antes pude llegar.

El inmenso océano por hogar.

Cansado, 

con sueño,

planeando,

me dejé llevar.

Estoy aprendiendo a vivir

sin ninguna tierra tocar.

Soy hijo del viento,

nadie me puede domar.


Una voz acabó con mi aislamiento.

-¿Dónde vas, casi sin aliento?

-Practicando técnicas de vuelo.

-¿Te puedo acompañar si no molesto?

-¿Por qué no? Vayamos.

-¿Y por qué sola vas?

-No estoy sola,

voy al otro lado del mar.

Allí está mi bandada, 

gaviotas solidarias.

Somos pocas mas vivimos en libertad.

-¿Me aceptáis?

-Conmigo ya estás.

¡Vamos, más allá!


ME DUELE TU DOLOR



 Me desperté sobresaltado al escuchar unos gritos desgarradores. Aturdido salté de la cama y vistiéndome con celeridad salí de casa. No había duda de donde provenían al identificar la voz, es mi vecina.

 ¡Mi hija, mi hija! Entre llanto y pavor escuché. Golpeé con fuerza la puerta. Me abrió. Nunca olvidaré su rostro desgarrador.

 Me abrazó. No supe como consolarla ni entendía bien el por qué. ¿Mi hija…? ¿Pero qué ha pasado? Unos pasos atrás y corrió a la habitación de su hija, la seguí. 

 Recostada en su cama, un charco de sangre empapaba el edredón. Su cabeza ladeada. Ni rastro de vida… No supe qué hacer. Sacando fuerzas de las entrañas reaccioné. Me acerqué comprobando su pulso, ya nada se podía hacer.

 ¿Por qué? Me pregunté.

 Como si me hubiera escuchado, María, así se llama mi vecina, dijo: “Ayer llegó del instituto llorando. ¡No puedo más, no puedo más! No dijo más. Y se fue al baño. No quiso comer y se acostó”.

 En la mesilla junto a su móvil una nota. La cogí.

 “Te quiero mamá. Tu siempre me has aceptado como soy. Gracias por ser quien eres. Siento que los demás no me comprendan ni me acepten. Te espero en el cielo, donde puedo ser quien soy".

 No pude aguantar las lágrimas…

 Me duele tu dolor.


LUCIDEZ



Hay momentos en que me siento perdido. Es como si el rumbo que creía certero, el que me llevaría a mi destino, hubiera dejado de tener sentido.
Parado, en el camino, me cuestiono hasta la propia existencia de éste. ¿Y si no hay una senda a ninguna parte? ¿Y si la vida no consiste más que en este momento, consciente de mí mismo? Quizás sólo haya eternos instantes… o nada.
Me pregunto si cuando exhale mi último aliento seguiré siendo yo. 
Hay momentos en que dejo de vagar por mundos imaginarios, como en el que ahora estoy, y despierto de un sueño, largo sueño que me tiene atrapado. 
Y yo, esta diminuta partícula, nada se cuestiona, ni duda, porque ha muerto y renacido infinidad de veces. 
He creado mundos y los he  destruido una y otra vez. Y lo volveré a hacer.

Me rio a carcajadas. ¿Cómo puedo cuestionarme que tú y tu sonrisa, sean pura ficción?

-Calla, -me dices-. Sigue conduciendo y atento a la carretera, que ya queda poco para estar en casa, quiero que lleguemos sanos. Las vacaciones se han acabado… hasta el año próximo.

Adiós lucidez, hasta otra…



DONDE ME PERDÍ



El cuerpo desangelado.
El alma con la mirada perdida en el horizonte.
Recordando, olvidando.
Nubes vienen y van…
De paso, siempre de paso.
¿Qué hay más allá?
Quizás nada,
puede que todo.
¿Quién sabe?
¿Tú lo sabes?
¿Lo sé yo?
No basta creer…,
alcanzar la línea y cruzarla.
Un paso más y seguir,
hasta llegar donde me perdí,
donde tú estás
y yo no comprendí.



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