SUEÑA
Contemplo un horizonte sin fin,
más me acerco,
más te alejas.
Soy tu ensueño.
¡No despiertes,
sin ti nada soy!
Rio,
lloro,
sufro...
Amo.
Disfruto la vida por ti,
a veces un sin vivir.
Llega el alba.
Luz en tu dormitorio.
¡No despiertes!
Sueña...
Eres mi existir.
Sin ti, moriré.
LA NOCHE
Noche oscura.
Disfrazada te acercaste a mí.
Cierto que no te reconocí
y embelesado caí en tu red.
Olvidaste un detalle,
del pasado aprendí.
Mi amanecer tardó toda la noche en llegar.
No,
no vendo mi alma,
ni hoy,
ni ayer.
Disfrazada te acercaste a mí.
Cierto que no te reconocí
y embelesado caí en tu red.
Olvidaste un detalle,
del pasado aprendí.
Mi amanecer tardó toda la noche en llegar.
No,
no vendo mi alma,
ni hoy,
ni ayer.
TU VOZ
Permanecería callado,
pero no puedo.
Necesito escuchar tu voz,
sentir tus latidos,
palpar tu alma inasible.
pero no puedo.
Necesito escuchar tu voz,
sentir tus latidos,
palpar tu alma inasible.
Deja que se habran tus heridas
y brote la semilla dormida al calor de mi piel.
y brote la semilla dormida al calor de mi piel.
No, no cierres la puerta.
Ábrela de par en par
para que sea tu luz mi amanecer
y mi sombra la tuya.
Ábrela de par en par
para que sea tu luz mi amanecer
y mi sombra la tuya.
SINFONÍA
Otros nombres, otros rostros. Muchas tierras pisaron nuestros pies. Alentados por un deseo innato grabado a fuego, acordamos un nuevo encuentro y aunque nuestras personalidades sean hoy completamente diferentes y aun bañadas por la amnesia, un hilo conductor haría posible lo que nuestras almas anhelan. Nos planteamos nuevos retos, sabríamos que viejos conflictos podrían aparecer, más también conocíamos la fuerza que nos habita y los acabarían disolviendo. Somos capaces de comprender la singularidad de nuestro proyecto: un instrumento diferente a otros tocando en una sinfonía, una sinfonía inacabada que espera nuestra aportación creativa. Puede que con sonidos estridentes mientras ensayamos, descompasados… Posiblemente tardemos tiempo en alcanzar un sonido mínimamente aceptable, pero, ante todo, es y será el nuestro, nacido de nuestras entrañas.
En cada una, en cada uno, está la melodía inscrita, tiene el ritmo que nuestros corazones quieren imprimirlo. Dejemos que siga fluyendo y nuestras personalidades dancen al compás, cada una diferente, mas imprescindible. Aunque tenemos todo el tiempo del mundo, es ahora cuando “los astros se han confabulado para que así sea”, porque nosotros lo hemos decidido así.
Ofrezcamos la singularidad de nuestra alma, dejemos que nuestra personalidad esté en sintonía con ella. Trabajemos en la cotidianeidad, donde nuestros pies tocan tierra, pues el instrumento que tocamos no sabe de barreras de tiempo ni espacio. Paso a paso, sabiendo que no estamos solos. El Sol que tú ves es el mismo que veo yo.
Yo escucho el sonido de tu alma, ¿escuchas tú el mío?
Una sinfonía está sonando. Unas palabras la acompañan: “Escucha la canción de la alegría…”
COMO MI ALMA
Una hoja cae...
La última.
El árbol se desnuda... como mi alma.
Día a día,
tras las lluvias de otoño,
bajo el rigor del invierno,
acabará disolviéndose... como mi alma.
Volverá la primavera... como mi alma.
MI ESTACIÓN
Con mi bastón, ligero de equipaje. Sin mapa ni guía.
Sin trayecto trazado voy caminando.
El día llegando a su fin.
El cansancio haciendo mella.
A la vera del camino me siento.
Parada forzada.
Una bandada de pájaros guiados por las estrellas sigue su rumbo.
Conocen su ruta para subsistir. Las estaciones sus vidas van marcando.
La primavera florecida, el verano reluciente, el otoño dorado, el invierno gélido.
Así, cavilando, el sueño me va venciendo.
El Sol emerge.
Me levanto, doy unos pasos y sigo caminando.
Y me voy preguntando…
¿Cuál estación marca mi tiempo?
Qué importa,
ni el futuro ni el pasado...
Sólo sigo la estela de los pájaros.
SOY EN EL NO-SER
Contemplo mi vida, con sus alegrías y tristezas.
Cuando veo el camino transcurrido, siempre acabo mirando el agua serena del lago. Veo a quien no es y sin embargo ahí está. Lo toco y se disgrega, volviendo instantes después a mostrarse como antes.
Me levanto y sigo mi camino. ¿Habrá desaparecido mi rostro con mi partida, o algo de mí permanece en el lago para siempre?
Levanto la vista hacia la bóveda celeste. En la despejada noche, elevo mi mano hasta “tocar” una estrella con un dedo. ¿Qué nos separa, qué nos une?
Soy en el No-ser.
Sigo caminando, eterno peregrino.
EL OTRO MAESTRO
En los últimos días del Maestro caminaba junto a Él un anciano delgado y andrajoso. Escuchaba sus palabras siempre desde lejos, apartado de todos. Las arrugas de su rostro revelaban una vida dura bajo el sol ardiente y abrasador del desierto.
Algunas miradas cruzadas, mas ningún diálogo surgía entre ellos.
Al alba, cuando aún dormían todos los que querían escuchar sus palabras, bajo algunos olivos, el Maestro se acercó al anciano que se encontraba recostado en una piedra. El rocío empapaba sus ropas, le tapó con su manto y le preguntó:
– ¿Venerable anciano porqué me sigues si tú ya vives en el reino de Dios?
El anciano le miró, sus ojos se perdían en la oquedad ocular, mas unas lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas. Una voz casi inaudible surgió desde lo más profundo de su alma:
–Maestro, desde niño he escuchado una voz interior que me repetía sin cesar que viviría lo suficiente para verte. Sí, vive desde hace años en mí la gracia del Creador, pero la soledad siempre fue mi compañía, hasta que hace unos días unos pastores me hablaron de un hombre que predicaba el amor para con los enemigos. No quería morir sin conocerte y escuchar tus palabras y saber si eras aquel que siempre esperé.
–Venerable anciano, tú me precedes en el Reino de Dios, estabas en él cuando mi Padre me envió a este mundo y me recibirás cuando a él vuelva. Eres bienaventurado y puro de corazón, muy pronto verás a Dios.
El anciano se recostó en el hombro del Maestro cerrando sus ojos por última vez. Le besó en la frente y tras unos minutos de silencio dejó el cuerpo envuelto con el manto.
Se levantó, al acercarse a aquellos que comenzaban a despertarse no pudo impedir que unas lágrimas brotaran.
Un joven, casi un chiquillo, mirándole le preguntó:
– ¿Qué ocurre, por qué lloras Maestro?
Él, le miró fijamente, cerró sus párpados, puso su mano derecha sobre su corazón y con voz pausada le respondió:
–Acabo de ver a mi Maestro partir a la casa de mi Padre.
Con una leve sonrisa se alejó…
“ABAJO”, AL OTRO LADO.
Intranquilo y dubitativo ante la responsabilidad que acarreaba una nueva inmersión en el “barro” ‒tiempo hacía de mi última vez‒, andaba de un lado a otro. Decir “sí” implicaba olvidarme nuevamente de mi “paraíso”, de mis amigos, de una paz y comprensión inigualables. Es mi alma quien así meditaba en silencio. Claro que mi mutismo era leído por cualquiera, pero me permitía esta licencia muy “humana” adquirida al otro lado de la Vida ‒el reino donde nada permanece inalterable‒, muy al contrario del lugar en que me hallo, donde el fuego interno es la luz infinita en la que soy, somos… pura y eterna conciencia. Cuando me vaya me la llevaré conmigo. Es la joya que me calmará cuando sumergido en las agitadas aguas de mis emociones sienta ahogarme; la claridad, cuando mi mente sea arrastrada a las sombrías profundidades de mi alma; el calor, cuando el frío contacto con mi ego me haga olvidar quien soy.
‒¡Hola!
‒¡Hola!
Levanto la vista, aún ensimismado en mis pensamientos. Sonrío. Levanto mi mano, devolviendo el saludo. Una vieja amiga se acerca. Ella ya ha decidido la fecha de su partida, será unos pocos años antes que la mía, lo cual si seguimos el plan trazado, nos reencontraremos “allá abajo”. Esta vez será un encuentro breve, mas ambos sabremos que somos viejos amigos del alma.
‒¿Aún dudas? ‒me dice.
‒No es la duda la causa de mis “males”, sino si seré capaz de soportar la fuerte atracción de la materia, si podré domesticar a tan brutal contrincante o seré absorbido por ésta. Sé que el fracaso no existe, que cualquier decisión que tome será comprendida dada la dificultad de mi objetivo. También sé muy bien que no estaré solo, tú y otros ya hemos acordado ayudarnos mutuamente allanando un poco el camino cuesta arriba que nos espera.
‒¿Temes que te ocurra como en el pasado sucedió? No estés preocupado, cuanto pasaste ha sentado una base inalterable en tu alma. Ya sabes de qué estás hecho, y esto no se olvida nunca. Te aferrarás a ello cuando te sientas abandonado, vacío. Recordarás. Escucharás, sin palabras, cómo fluye la Vida y te dejarás llevar, del mismo modo en que un recién nacido es mecido en los brazos de su madre amante. Sólo sentir, nada más.
‒¿Cuándo partes? ‒le pregunté.
‒Al alba de un nuevo día en la Tierra que me verá nacer. Ya sabes que nuestro tiempo aquí nada tiene que ver con el de “abajo”: un día son mil años y mil años, un día. Es “ya”, cuando así lo sienta mi Ser Profundo, mientras tanto, disfruto de mi estancia. Hasta pronto. Nos veremos cuando así lo deseemos.
‒Hasta dentro de un rato, ‒le contesté sonriendo.
Su alma es pura alegría, por donde pasa deja su estela que tarda en disolverse…
Su alma es pura alegría, por donde pasa deja su estela que tarda en disolverse…
Ni siquiera aquí existe la casualidad. Sus palabras han calado en mí. La decisión está tomada. Acepto el riesgo.
Todo cuanto me rodeaba está desapareciendo: casas, gentes, paisaje…, todo.
Ahora la nada. Es aquí, donde el alma pierde su nombre, ni arriba ni abajo, nada donde asirme. Es la Voz del silencio la que me habla, sin palabras. “Sí”, es todo cuanto me atrevo a pronunciar. Una cálida luz me envuelve. Soy la luz, es cuanto necesito saber.
Al fondo, un punto oscuro me atrae irremediablemente. Un llanto, el mío, rompe el silencio. Tanta luz me ciega. Cuesta adaptarse a la oscura luz de “abajo”.
LIBRE… EN TI
Te vi,
vi la vida pasar en ti.
¡No te alejes!
Déjame sentirte una vez más,
escuchar tus mudas palabras.
Alma,
al trasluz te muestras espléndida.
¡Vuela! ¡Vuela!
Alma mía,
dejo atrás el dolor,
la aflicción…
¡Soy libre!
¡Siempre lo he sido!
Hoy lo descubrí.
Tú, ya no eres diferente a mí.
Te busqué lejos,
no te hallé en los templos,
ni siquiera en el desierto.
Escuché la voz de maestros,
reflexioné sus enseñanzas
hasta que sus palabras se disolvieron en la nada.
Entonces apareciste tú, desnuda.
Y supe que siempre era yo quien me señalaba siempre el camino.
Soy el sonido de una oración silenciosa.
Te siento,
alma mía,
callada,
como la llama que nunca se apaga en mí.
¡Vuelo!
Libre… en ti.
EL ÁGUILA
En la aldea estaban inquietos contemplando la puesta del Sol, era la última según les habían contado. Un aldeano, triste, se alejó tomando el camino al monte. Cuando llegó a su cima, rompió a llorar. No comprendía qué estaba pasando. ¿Era verdad que la vida acabaría, que en la nada se disolvería la existencia de todos?
La oscuridad de la noche le alcanzó. Un águila revoloteaba sobre el aldeano. Acabó posándose junto a él. ¡Acompáñame! –le conminó–. Él, extrañado, se acercó al águila. ¡Sube sobre mi lomo!, casi le exigió éste. Al poco se encontraron volando rumbo al Este. Un viento cada vez más intenso soplaba tras ellos, tanto que se encontraron en las antípodas de su mundo en pocos minutos. Llegaron a una playa en una isla perdida.
¡Observa el mar! –dijo el águila.
El aldeano así lo hizo sin saber porqué. En segundos, sobre la inmensidad del mar, en medio de la oscuridad, una pequeña luz asomaba por el horizonte. Poco a poco se fue haciendo más grande. El aldeano sorprendido contemplaba un Sol como el que él conocía. Sin palabras, el águila, le requirió que subiera nuevamente sobre él.
Emprendieron el viaje de vuelta a la aldea. Otra vez el viento sopló con fuerza. En segundos se encontraron a la entrada de ésta. Otra vez la noche. Se despidieron con un ¡hasta pronto!
El aldeano alborozado corrió a comunicar a sus congéneres que pronto saldría el Sol, pues lo había visto. ¡No había muerto! Les contó su encuentro con el águila, pocos le creyeron. A él no le importó, lo había vivido y nada necesitaba demostrar, sólo dejar que el tiempo pasara. Sabía que la esperanza de un nuevo amanecer, la certeza de un nuevo día no eran una quimera, sino una realidad porque él lo contempló.
TU PATRIA ES LA HUMANIDAD
En medio de la batalla,
la guerra sin tregua avanza.
Tus ojos enrojecidos,
cansados,
hartos de llorar por los hijos muertos,
los amigos desaparecidos.
Las noticias nada bueno presagian.
Nuevas armas
llegan:
explosivos que no distinguen a unos de otros,
amigos de enemigos,
ricos de pobres,
de ideologías.
Bombas que cercenan la vida sagrada.
El odio,
la venganza,
sentimientos de la bestia inhumana,
¡alejaos de esta tierra!
¿Aún no estás cansado de sufrir?
¿Quieres aún más dolor?
Con la violencia sólo conseguirás hundirte en el fango,
en un mundo de pesadilla.
Las víctimas se levantan y te recuerdan
que la vida es sagrada.
Tu siembra de terror
sólo alargará tu agonía,
estás muerto en vida.
¡Resucita!
Deja las armas y habla.
Acaba con la pesadilla de tu alma.
Tu patria es… la humanidad.
UNA HOGAZA
Tiempos convulsos los de ayer.
Hora de comer.
Mi plato vacío, el tuyo también.
Al viento grité mi rabia.
Un muro de hombres grises a sueldo de una mafia,
impide que tú y yo al otro lado vayamos.
Cuentan que manjares venidos de otros lares,
colman despensas y falacias.
¡Ay, pobre desgraciado!
Tu ventura de siervo es.
“Doctores” lo dicen y repiten hasta el hartazgo.
¡Duerme en lechos de fango!
¡Trabaja noche y día!
Cuando fatigado caigas, otras manos harán tu faena.
Reproducíos como conejos.
Como ellos, acabaréis de un golpe certero en el cogote…
Que al otro lado os espera la parca con grilletes y guadaña.
¡Malnacido!
¡Paria!
¡Sin valía!
¡Nunca serás nada!
Tantos años escuché su soflama que incluso creído fue en mi alma.
Perdida toda esperanza y vacía mi panza.
Lloré afligido por vez postrera.
Otras voces, distintas palabras, obraron el portento:
“¡Levántate y anda!”
Tiempo anhelante el presente.
Ya de nada vale tu fútil proclama.
No tienes poder, muros, ni doctos.
No te creo, a nadie engañas.
Tu mundo se derrumba más cada día,
el nuestro se arma de ladrillos y esperanza.
Construimos una realidad donde no tienen cabida el oro ni la plata.
Fraternidad, nobleza y dignidad.
Valores amasados en la oscuridad, hoy lucen al alba.
Una hogaza destaca en tu mesa, en la mía…, en la nuestra.
“Tomad y comed… un pedazo de pan sin leyes ni comedia”.
ESTAMOS DE PASO
Hacía tiempo que no los veía, desde el último verano y, sin embargo, les echaba de menos. Nuestras conversaciones solían ser breves, chapurreaban un poco el castellano y yo, más allá de hola y adiós en su idioma, nada. Ellos, un matrimonio de alemanes, pasaban sus últimos años de vida en la costa levantina disfrutando de un sol que les costaba ver en su tierra.
La playa solía ser nuestro lugar de encuentro. Eran madrugadores y siempre los primeros en deleitarse de un baño reparador. Para mí un poco fría a horas tempranas.
Yo prefiero caminar a la orilla del mar, dejando que el agua acaricie mis pies; contemplando la distinta tonalidad, azul, turquesa, gris… que adquiere éste en lontananza, nunca es la misma. Después sí, dejo que el agua cubra mi cuerpo, meciéndome como un bebé en la cuna. Cierro mis ojos y olvido. Olvido cuanto me aleja del silencio, sólo escucho el dócil oleaje rozando mi piel.
Hoy, cuando pensaba que su alejamiento era definitivo, temiendo lo peor -estamos de paso, como dice una vieja canción-, los vi. Sonrieron. Sonreí. Nos abrazamos.
Supe enseguida el motivo de su larga ausencia. La calvicie de ella delataba la causa. Cáncer. Los dos, como niños, trataban de explicar lo sucedido meses atrás. La dura lucha para vencer el pesimismo y la depresión; el paso por el quirófano; las sesiones de quimioterapia; las analíticas dando resultados esperanzadores… Hoy, ambos, se sentían más vivos que nunca.
Felices de poder sumergirnos, una vez más en las cálidas aguas del Mediterráneo, nos adentramos lentamente, disfrutando del instante, único en la eternidad.
Hoy aquí, mañana… “qui lo sa”.
CONTIGO
Ya han pasado dos meses desde que te fuiste. Dura batalla la que has vivido hasta que ya, sin fuerzas, decidiste exhalar tu último aliento. Soltaste el aire, el poco que pudiste guardar en tus pulmones gastados tras largos años de resistir los embates de la enfermedad, estando ya inconsciente.
Días atrás mostrabas tus dudas lógicas, de si habría algo más al morir. Te costó abrir tu alma, pues esto significaba que empezabas a aceptar que el final estaba próximo... y no querías. Buscaste aferrarte a la vida ilusionándote con nuevos proyectos. “Voy a hacer…”, decías una y otra vez. Mirabas tras la ventana las montañas y preguntabas: “¿Cuándo voy a salir de aquí?” Yo callaba sabiendo que lo inevitable se acercaba irremediablemente. Lo hice hasta el final. Y, aún hoy sigo en silencio pues los recuerdos de tu larga agonía, innecesaria desde un punto de vista humano, prolongaron los latidos de tu corazón más allá de lo razonable. ¿Qué sentido tiene tal sufrimiento a tu alma? ¿Consecuencia de tu modo de vivir donde la realidad de tu existencia acababa con la muerte? ¿Tenías algo pendiente que hacer que te impedía marchar?
El miedo te atenazaba noche y día. En algún momento intentabas preguntar de soslayo sobre algunas de las experiencias “extrañas” vividas por tu hermana, por mí. Querías creer, pero tu razón negaba una y otra vez la posibilidad de lo “imposible”. No, no había nada que demostrar. Sabíamos que pronto te encontrarías cara a cara con la otra realidad y, lo que tu ser pedía a gritos era… afecto, aquí y ahora.
Tu mano solicitaba las nuestras una y otra vez y, hora tras hora, acompañado de una sonrisa, es cuanto te dimos y aceptaste.
No querías que la muerte te acariciara en soledad y tu deseo fue cumplido… A ambos lados del decorado de la Vida, quienes te amamos, estábamos contigo. Estamos hoy contigo.
UN NUEVO COMIENZO
Caminé en la oscuridad absorto en mis pensamientos sin un rumbo fijo. Me senté en un banco de un parque sin nombre. El silencio se palpaba. A lo lejos, algunos viandantes en busca de su destino, ¿quién sabe qué les ocurriría al día siguiente? Ahora, el tiempo parecía haberse detenido… Alguien me dijo que ocurriría y que sabría, llegado el momento, qué acontecimiento marcaría un nuevo comienzo en mi vida. Parece que la vida es una suma de acontecimientos donde da la sensación que acaban superponiéndose unos con otros, en mi mente se amontonan como si todos pasaran al mismo tiempo. Pasado, presente, futuro…, ¿qué son en realidad?
Y vi, ante mí, cómo aquel vagabundo se acercó decidido, parecía como si se encontrara con un viejo amigo.
¡Hola! –me dijo.
Del mismo modo respondí, aunque sin ningún ánimo en especial.
Se sentó a mi lado. Sacó de una bolsa un pequeño paquete. De reojo veía sus movimientos, como no queriendo darle importancia. Era un bocadillo bien envuelto en papel de aluminio.
–Me lo acaban de regalar –me dijo, sonriendo.
Lo partió por la mitad.
–¿Quieres un poco?
–No, gracias. No tengo hambre.
–¿Has observado que la oscuridad no es tal cuando se adapta tu visión pasados unos minutos? –continuó hablando–. Mira los árboles. ¿Ves aquella rama que sobresale de aquel, la luz que la rodea? La señaló con un dedo.
En realidad no me fijé en la rama que señalaba, sino en el dedo que lo indicaba. Era su dedo índice el que parecía tener un brillo centelleante, un suave dorado. No me atreví a decírselo. Me fijé en la rama, aunque sí la veía con más nitidez que al principio, pero nada fuera de lo normal. No sabía qué hacer, ni qué decir, tampoco es que yo fuera un gran interlocutor. Nada tenía que perder, pensé.
–No he visto nada en particular en la rama, pero sí me ha llamado la atención el dedo que la señalaba.
–¿Qué has visto?
–Una luz que lo envolvía.
–¿Y?
–Pues que nunca había visto nada igual, aunque no sé por qué tampoco me sorprende.
–Quizás no te sorprenda porque no sea del todo desconocido para ti. Puede que en algún rincón de tu memoria esté presente.
–¡Mi memoria! ¡Si casi no recuerdo qué hice ayer!
–Lo que se ha vivido queda registrado, ¡absolutamente todo!
–Pues será en otra vida –entre risas le contesté.
–Aquello que necesitas recordar, no dudes que de un modo u otro, se hará presente para ti. Todo lo vivido no es fútil, ni caprichoso. Responde a una necesidad de tu ser que quiere adquirir experiencia, desarrollarse y expandirse sin fin. El recorrido de tu alma no es arbitrario y cuando dejas a “medias” alguna lección en el “pasado”, la retomas en cualquier tiempo “presente”. Es aquí cuando sale a la luz de tu memoria las herramientas que necesitas para continuar la lección “abandonada” tiempo atrás.
Absorto le escuchaba, como cuando de chaval atendía a las clases de historia –quería conocer todo de nuestro pasado.
–¿Qué rondaba tu mente está tarde?, –continuó.
–Nada en particular, –le respondí.
–¿Estás seguro?
Parecía que quería sondear lo más profundo de mi ser. Hice un muro hace tiempo para protegerme; para no hacerme daño, ni hacérselo a los demás. Pero él, un vagabundo a quién no conocía, estaba dispuesto a derribarlo.
–Hay veces –empecé a quitar “ladrillos”– en que dudo de mí, de quién soy, de qué “pinto” en este mundo donde solamente parece haber sufrimiento; donde las alegrías parecen un suspiro nada más. Siento impotencia ante el horror, cada vez que enciendo la televisión, abro un periódico… Quiero evadirme, pero no puedo. Busco una explicación lógica y no la encuentro. ¡No sé! Es todo cuanto sé.
–¿Y crees que los demás “saben”? ¿Crees que tras las máscaras de quienes te rodean hay felicidad? Si estás, estáis, en este tiempo presente es para acabar de una vez por todas con tal sufrimiento.
–Es fácil decirlo –le dije–, pero ponerlo en práctica no lo es. Te entregas con todo tu alma por una causa y, vayas donde vayas, acabas cansado de ver el egoísmo que escondido de bondad parece rodearte. He vivido los oscuros intereses tildados de grandilocuencia solidaria…
–Veo que rezumas negatividad. ¿Sabes que de ese modo alimentas la negatividad? Ya te he dicho que todo cuanto ocurre permanece, y permanece, porque tiene vida. ¡Todo es vida! Y la vida también es movimiento. De hecho la vida es eterno movimiento, vibración continua. Caminamos entre dos fuerzas que se atraen y repelen. Dos fuerzas que tienen un origen y un destino común… Pero no quiero complicarte la vida, –sonrió al tiempo que lo decía.
Tenía razón, no estaba ahora para complicaciones.
«Pero, como no quiero que te quedes en un estado pleno de negatividad…, de ti depende que una u otra polaridad sea la que circule libremente o, que ambas “trabajen” bajo tus “ordenes”.
»Habrás oído más de una vez sobre la efectividad de la oración. Ésta no es más que la colaboración entre quien ora y la energía en la que vivimos. Dicha energía es como el alimento que toma el bebé que vive en el interior de una mujer embarazada. Él “pide” y su madre le “da”. Ella, su madre, toma a su vez la energía necesaria para su vida del “Ser” en el que vive y en el que tú también vives. Puedes tomar un alimento sano o en mal estado, depende en gran parte de los pensamientos que emites, emitimos todos, continuamente… de su polaridad y sobre todo del Ser en el que vivimos. La energía en sí, no es ni positiva ni negativa, nosotros creamos, más bien la materializamos, dándole “polaridad” según nuestra capacidad de ser “uno”. En ti viven muchas vidas… Todos los seres estamos conectados en una escala infinita donde principio y fin se confunden en un eterno presente… Mas tiempo pasado, presente y futuro dependen del lugar en que se posiciona el observador.
»Piensa que la situación de crisis en la que se encuentra este mundo la hemos creado entre todos y entre todos podemos darle la vuelta, convertirla en una oportunidad de crecimiento del ser que somos en el mejor de nuestros sueños. Traerlo a esta realidad es tan factible como tú seas capaz de imaginarlo. La aparente polaridad negativa actual, en el “pasado” fue positiva, mas al querer esta humanidad crecer, aquello que creamos y nos alimentó, ahora se está convirtiendo en un lastre capaz de impedirlo. La clave consiste en envolver de luz cada pensamiento creado, imaginado… en cualquier tiempo.
»La luz que has percibido en mi dedo la has visto porque estabas dispuesto. Tu mente ya está cansada de viajar por pensamientos que no te satisfacen. Has andado tanto que te has parado en medio de ninguna parte y ya no te importa. Estás listo porque tu alma aún ansía libertad. La luz que has visto en mí es consecuencia del acuerdo, el pacto que hice contigo. Vendría a tu encuentro cuando estuvieras preparado, cuando pidieras un nuevo alimento, cuando oraras con humildad…»
No sabía muy bien dónde estaba. Las palabras que había escuchado con atención me habían transportado a un “cielo” que creía desaparecido para siempre. Era un estado que sentía muy mío y muy real, pero que no podía localizar en ningún tiempo, ya no sé si pasado o futuro. No me importaba y quería perpetuar tal estado…
Con estos pensamientos volví a la cruda realidad… Pero el vagabundo seguía ahí sentado, junto a mí. ¡Era real! Y me fijé en su rostro, sus facciones. No parecía el vagabundo de hace tan solo unos segundos, se había transfigurado en otro ser; estaba majestuoso, imponente.
Se levantó y me volvió a ofrecer la mitad de su bocadillo. Esta vez sí lo acepté. Sentía hambre…
–Tenías hambre y te di de comer. Tuve sed y me diste de beber –me dijo.
–¿Cuándo te di de beber, si nunca antes te vi? –le contesté.
–Cuando tuve sed… Recuerda.
Di el primer bocado, embebido en su sabor, recordé.
Le miré a los ojos y en ellos me sumergí y supe quién era él y supe quién era yo.
–Uno. Somos Uno –me repetía a mí mismo.
Pasado, presente y futuro… ¿qué son en realidad?
Me tendió su mano, la acepté. Volví a percibir la luz en su mano y ésta se extendió hasta envolvernos por completo. Sonreímos.
Se alejó por donde vino, pienso si hacia un lugar más allá del tiempo…
SOMOS GENTE CORRIENTE
Nos esforzamos día a día para que quienes están a nuestro cuidado tengan lo necesario para crecer y progresar como seres humanos dignamente.
Nos levantamos cada mañana antes que el sol salga por el horizonte para traer el pan de cada día a una mesa sencilla.
Tenemos dignidad, no “vendemos” nuestro cuerpo, ni siquiera lo “alquilamos”. Nuestras manos se manchan, se hieren, encallecen, pero nuestra alma sonríe porque valoramos lo esencial de la vida: hacer todo con amor. No hablamos de amor continuamente, nos cuesta pronunciar tal palabra… preferimos una sonrisa y una mirada a los ojos de quienes encontramos en nuestro caminar; mas sabemos el fuego que arde en nuestro interior.
No pretendemos destacar, salir en las noticias. Trabajamos desde el anonimato creando unos cimientos bajo tierra, a gran profundidad, pues el edificio que estamos construyendo llegará a ser más alto que cualquiera pueda imaginar. Podemos formar parte o no de alguna organización que trabaja por un mundo mejor. Nos sentimos unidos igualmente, ya que nos sabemos miembros de una humanidad que está descubriendo la fraternidad.
Traemos en nuestra memoria genética la acción. Somos hacedores, encargados tanto de destruir como de construir; de hecho nos encargamos de que caigan y se disuelvan aquellos organismos que impiden el crecimiento, tanto de la humanidad como de cualquier otra forma de vida en este planeta. No es por azar que salga a la luz la podredumbre, es necesario que descubramos nuestra enfermedad para dar el tratamiento adecuado, evitando así arrastrar de por vida una enfermedad larvada que pueda volver a dañarnos. Construimos donde sabemos que se está a la escucha, donde ya se ha tocado “fondo” y sólo queda “ascender”… aunque el “viaje” es interior.
Tenemos muy claro nuestro objetivo. Somos firmes en nuestro proceder, capaces de tender una mano allá donde sea necesario aun a costa de nuestra vida si fuera necesario; cada día nos entregamos al otro, porque es ya parte integral de nuestro ser.
Nuestros rostros revelan la profundidad de nuestras almas, algunas ya muy “viejas”, otras muy “jóvenes”, mas todas amantes. Nuestras manos trasmiten igualmente el calor del fuego interno, pues sabemos que uno solo nos alimenta. Nuestros pies descalzos se funden y acarician la tierra sin dañarla.
Nos hemos forjado tanto en la alegría como en la tristeza; en la fe tanto como en la desesperanza; en la ilusión tanto como en la decepción; en el gozo al igual que en el sufrimiento; en el conocimiento del mismo modo que en la ignorancia… Somos hijas e hijos de la Tierra tanto como de otras “Tierras”. Hijas e hijos de la experiencia, de la fusión del Ser con el Ser: la Dualidad reflejo de la Unidad.
Somos únicos, importantes, valiosos, capaces, valerosos, sublimes… Dignos de existir eternamente. Somos el equilibrio en busca del equilibrio. No eres, no somos, ni más ni menos que nadie. No nos infravaloramos ni sobrevaloramos pues tú eres semejante: la Hija, el Hijo, de la Vida Una.
No adoramos a nadie pues en cada uno nos sabemos el SER UNO. Tampoco necesitamos interlocutores entre nuestro ser y nosotros, pues hemos comprendido que no hay “dos” sino Uno en “dos”. Que el “dos” crea al Uno continuamente, que el Uno se recrea eternamente; se conoce y se reconoce en el “dos” siendo Uno. Somos nuestros propios sacerdotes.
Nacemos y renacemos continuamente, pues nunca dejamos de existir. Tan solo experimentamos las múltiples facetas del Ser. La muerte no tiene cabida en nuestro corazón y nos alegramos tanto en la “venida” como en la “ida”, pues siempre estamos en los dos lados… que son uno solo.
Nuestra historia es la tuya. Somos gente corriente y vivimos en todos los estratos de la sociedad.
SEÑALES
Es curioso como algunos acontecimientos han aparecido a lo largo del tiempo.
Cómo, aparentemente sucesos esporádicos, aparecen encadenados por repetirse en una misma fecha, o en la misma fase lunar o...
Sucesos que poco a poco van cobrando una importancia vital, encuentros ¿casuales?, que marcan el rumbo a seguir.
Y si entramos en el laberinto del mundo de los sueños, donde se encuentran alojados nuestros anhelos, miedos, miserias, alegrías, desencantos, aciertos..., mas también nuestros deseos de libertad, nos sumergimos en la profundidad del mar y volamos más allá de la más alta nube.
Eso no es todo lo que uno encuentra.
A veces, uno se topa con vivencias completamente reales, en las que uno no parece estar dormido, sino plenamente consciente.
Vivencias que parecen tanto del pasado, como del futuro...Tanto es así que éstas se convierten en... reales.
Presentes, instante a instante, premonitorias de un hecho ineludible.
Surge una pregunta, cuya respuesta no es fácil.
¿Qué se esconde tras esa cortina de señales?
Cada señal, hace que se den unos pasos, al principio tímidos y titubeantes.
Dónde me estaré metiendo, pues las referencias que tenemos "programadas" no sirven.
Todo es completamente nuevo y diferente.
Aun así andamos un poco más, esperando una nueva señal que indique por donde seguir.
Sí, sólo serán indicios, pues hay un "pequeño" detalle y es que la libertad de elección está presente en cada instante del recorrido.
Estas señales, no son lo más importante.
Son simples marcas.
Lo que de verdad importa es el AMOR con el que emprendes el camino.
Cómo tratas a los demás y a ti mismo, ésta sí es la VERDADERA SEÑAL…
La que permanece.
LOS PIES EN LA TIERRA
Hace falta mucha humildad para seguir teniendo los pies en la tierra. Saberse parte integrante del Ser que somos todos, unido al sufrimiento en que muchas veces se convierte nuestro paso por este mundo, puede hacer que nos despeguemos e incluso no nos guste estar aquí, pero no tenemos que olvidar que no es por azar que estamos en esta Tierra. Hemos nacido en ella porque así lo solicitamos, para unir "cielo y tierra". Dotarla de una cualidad que antes no tenía y seguir, así, extendiendo el amor por el Universo. Y no estamos solos en esta labor, como no está sola una célula en nuestro cuerpo, pues en cada una de ellas hay una "memoria" que nos susurra al oído que "Todo ya Es". Tenemos esa certeza que nos ayuda a seguir con los pies en la tierra.
AÑORANZA
Entre el Todo y la Nada hay un espacio, el mismo que separa y une una palabra y otra; el que me separa y me une a ti; el que convierte a la vida en muerte y a la muerte en vida.
Entre el Todo y la Nada quedamos tú y yo intactos, sacudidos por corrientes de vida que no comprendemos, desconociendo de dónde venimos y a dónde vamos.
Ahora, es un instante, un presente inasible que se aleja cuanto más quiero retenerlo.
Ahora, es cuanto tengo.
Ahora nada poseo.
Soy la palabra no escrita, soñada y desfigurada al alba.
El reloj marca mi tiempo imparable, se acercan las doce…
Sueño… Añoro despertar.
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