SOMOS EL MAR


Una gota de agua le preguntó al mar:
¿Dónde te encuentras que no te veo?
El mar no le respondió.
¿No me oyes?
Siguió sin tener respuesta.
La gota entristecida se acercó a la orilla y se alejó tierra adentro.
Creyéndose sola,
miraba a su alrededor,
un sol abrasador la cegaba.
Y no pudo ver qué o quién había a su lado.
Comenzó a llorar,
tanto que sus lágrimas hicieron un reguero que llegó hasta el mar.
Éste alargó sus brazos hasta llegar a la gota entristecida
envolviéndola en su regazo.
Las demás gotas que estaban junto a ella saltaban de alegría
creando grandes olas
y atrayendo a la gota entristecida hasta el corazón del mar.
El mar entonces le habló:
“Has elegido tu propio camino,
vivido experiencias únicas.
Has sonreído, llorado, cantado, gritado,
pero te olvidaste de lo más importante: saber quién eres.
Te creíste sola y abandonada,
es el camino que elegiste para amarte a ti misma.
Y que comprender quién eres es saber
que tu destino está ligado al de todas las gotas;
que el abandono de tus deseos,
de ti misma,
es el camino del reencuentro.
Esperaba que te dieras cuenta que me encontraba dentro de ti,
que en realidad nunca has estado separada de mí.
Todas las gotas somos el mar.
Sin pasado, sin futuro.
Somos en la eternidad el mar.”


GRACIAS HIJO



Mediodía.
Sentados a la mesa, mi madre nos miraba queriendo sonreír mas no pudo. 
Sin decir una sola palabra posó el puchero, un cazo colmado de caldo se paseó entre los platos dejando caer unas pocas lentejas.
A cada uno de mis hermanos le ofreció un pedazo de pan.
Nos miramos sin atrevernos a decir palabra, pero me decidí:
–¡Mamá!, ¿por qué tan poca comida?
–Vuestro padre salió a buscar trabajo y comida, todavía no ha vuelto y es todo cuanto tenemos.
–¡Mamá, pero si papá está trabajando!
–Le despidieron tras duros años de trabajo. Seis meses sin cobrar su sueldo y se han acabado todos los ahorros. Ni siquiera podemos pagar la hipoteca de esta sencilla casa. Sale todos los días a la misma hora para que no os deis cuenta y porque se hunde si se queda en casa.
–¿Nos van a echar a la calle como a los vecinos?
–Espero que no, que ocurra un milagro.
«¿Un milagro? –respondí–. Soy aun joven, pero me doy cuenta de lo que pasa: que hay unos pocos que no les basta con lo suyo, sino que quieren más y más, su ambición no tiene fin. Les han quitado todo a los vecinos y ahora vienen a por lo nuestro. Pero, ¿no hay casas para todos, comida para todos, trabajo para todos? ¿No hay suficiente tierra para trabajarla y que dé alimentos para saciar nuestra hambre? ¿Por qué los ricos tienen todo y nosotros nada? ¿Por qué si muchos como papá son los que trabajan, el dinero se lo llevan unos pocos que nada producen? ¿Les debemos algo…, la vida acaso? ¿No hemos nacidos todos siendo iguales según las leyes humanas, no dice lo mismo la religión que tanto pregonan? Nos engañan, mamá, nos engañan.
»Mamá, estoy cansado de verte llorar cuando te encierras en la habitación. Harto de ver cómo llega abatido papá estos días. Cansado de ver viviendo a la intemperie a tanta gente que ha perdido su hogar, a gente a la que conozco y aprecio. Pero, ¿es que no tienen corazón quienes pueden arreglar esto? He escuchado que son “ellos” los que han creado esta situación porque no tienen alma, en sus mentes solamente hay dinero, dinero y más dinero. Son unos infelices que nos están arrastrando a su precipicio.
»¿Un milagro, mamá? El milagro es que recuperemos la dignidad. El milagro es que recuperemos nuestra voluntad. Se las hemos regalado porque nos sentimos incapaces de administrar, dirigir nuestras vidas; incapaces de pensar, acomplejados porque no tenemos títulos, ni “nobleza”. Se las hemos regalado porque llevan siglos contándonos el mismo cuento: “La vida es así, hay que resignarse”; “Siempre habrá ricos y pobres”; “En el paraíso nos espera la auténtica felicidad”. Y mientras tanto vivimos humillados, temiendo qué nos deparará el día de mañana, si tendremos o no suficiente comida.
»Mamá, ya no somos niños a los que llevar de la mano a los que no se les pregunta nada importante. Hemos crecido, madurados en silencio, pero ya es hora de decir ¡basta!, ¡nadie es más que nadie! Por perder, hemos perdido hasta el miedo. 
»Este es el milagro: sé que soy dueño de mi persona. Mi voluntad y dignidad ni se compra ni se vende. Mamá, no viviré arrodillado como tú y papá, agradecido por un pedazo de pan. Somos muchos, cada día más los que despertamos de una pesadilla.»
Mi madre rompió a llorar, por primera vez en su vida ante todos. Entre sollozos me dijo: “Gracias hijo”.



UN RADIANTE SOL



El Sol me ilumina, 
le doy la espalda y creo una sombra. 
La observo. 
En mi pecho brilla ahora un radiante sol que la disuelve en su luz.


NUESTRO SER



Nuestro Ser, quiero decir el que somos en realidad, vive en multitud de dimensiones, en cada una con un objetivo concreto. Cada uno tenemos una personalidad, que es la suma de millones de células, organizadas en órganos necesarios para la vida. ¿Cada una de ellas es ajena al resto? Nuestra personalidad reside en cada una de ellas, pero si una célula muere, ¿muere la personalidad, o ésta sobrevive creando nuevas células? Del mismo modo a un nivel más global, incluyente, nuestra alma tiene multitud de experiencias vitales, encarnaciones, cada una cumple una función necesaria para la vida del alma. A un nivel aún más incluyente, el espíritu engloba a diferentes almas, éstas cumplen una función, igualmente vital, para el espíritu que las ha creado. Y dicho espíritu no es más que una "célula" de un cuerpo mayor cumpliendo una función vital. Toda célula en la dimensión en que se mueve, no está aislada sino que está conectada al Ser. La diferencia reside en ser consciente o no de esta conexión y en colaborar o no conscientemente en la expansión infinita y experimentación de la Vida de Ser, que solemos llamar Dios. Cuando salimos del aislamiento (egoísmo) somos receptivos a otras dimensiones, es lo que han venido demostrando muchas "células" a través de la historia humana -amad, dicen esas voces-. Y la Vida se expande tanto hacia "arriba" como hacia "abajo"; en el interior de tu cuerpo como en el interior de la Tierra, que también es un cuerpo, del que somos cada uno una célula. Hay vida en Todo, pues Todo es vida. Si expandimos nuestra conciencia las barreras desaparecen y lo oculto se muestra, pero no más de lo que podamos "soportar", no sea que tanta luz nos fulmine.


EL LLANTO DE UN NIÑO



En la sala del olvido entré sin saber bien cómo el proceso anularía mis recuerdos, mi identidad acumulada a lo largo del tiempo. Mi “yo” quería revelarse, dar un paso atrás… pero la decisión era inapelable: volvería una vez más a “embarrarme”.
Un silencio angustioso, como una descarga eléctrica, recorrió mi ser ilimitado y, como un rayo, fui impelido a un viaje sin retorno hacia el interior. Pasé de ser consciente de la compleja inmensidad de mi existencia a constituir nuevamente una ínfima partícula “dentro” de mí mismo “casi” virginal. Solamente conservaba el propósito y la energía necesaria para materializarlo, nada más. 
“Voluntad y propósito” me repetía, mientras se completaba el paso del “Todo a la Nada”. No quería sucumbir a la colosal atracción que ejercen los instintos naturales del cuerpo que iba a habitar por largos años y que prevalecieran, como ya ocurrió antaño, ante mi objetivo. Esta vez no lo planteé como un conflicto en el que debe ganar una de las partes implicadas, sino que célula a célula trabajaría incansablemente, dejándome llevar por el ritmo, lento, pero constante, de fusión celular-estelar que había ya experimentado en una anterior proyección, aunque de modo efímero. ¿Por qué dominar cuando puedo transmutar? 
Lo que había hecho con mi cuerpo anteriormente, cómo lo traté, determinó cómo me relacionaba con mis congéneres. Vivía en un conflicto constante, intentando conquistar y someter a cuanto estaba a mi alcance, ya fuera humano o animal. Solamente conseguí formar parte de un mundo violento donde unos pocos imponíamos nuestra voluntad a los demás. No importaba el sufrimiento generado, pues seguía una ley que creía innata, la del más fuerte. La empatía se acababa cuando dejaba de verme en el espejo, reflejo de un ser que no era real, sino una caricatura de humanidad.
El mundo que nuevamente iba a experimentar, no era muy diferente al que dejé, quizás tecnológicamente más avanzado, aunque el ritmo de deshumanización aumentaba en un escenario que encogía mi ser, al sentirme causante de semejante desastre. Soy yo quien ha cambiado y no estoy, ahora, solo en este empeño: somos muchos quienes nos hemos dado cuenta de la necesidad de un cambio radical, pues está en juego la propia existencia humana. He visto algunos futuribles que podrían acontecer, espero y deseo que sólo uno de ellos se cumpla. Por eso estamos aquí, para embarrarnos.
El llanto de un niño se escuchaba en una sencilla habitación. La comadrona cortaba el cordón que le unía al cuerpo de su madre. Esta escena se repetía en los cuatro puntos cardinales. El lamento amplificado es un grito desgarrador, quizás el último. Millones de almas estamos dispuestas a que así sea y que la transformación, la boda cósmica, sea una realidad, aquí y ahora.


UNA NOCHE OSCURA



Hoy,
es uno de esos días que costaba desperezarme.
Quizás el oscuro mundo de los sueños haya dejado un lastre difícil de desenganchar.
Sin recuerdos,
impresiones de nostalgias olvidadas,
nada más.
Sumergido en las profundidades marinas sin camino de vuelta.
Atrapado en aguas turbulentas,
mi mente divaga,
se pliega,
se ensancha.
Me falta el aire,
preciso respirar.
Miro hacia un cielo intuido,
en lo alto,
en mis adentros.
Oscuridad y silencio.
Me ahogo.
Finalmente abro los ojos,
la luz del alba entra en mi habitación,
en mi alma.
Sonrío.
Atrás queda una noche oscura, una más de mi alma.


PEREGRINOS DE LA PAZ




Camino en soledad, no porque te rechace sino porque quiero que escuches lo más profundo de tu ser. Sin barreras entre tu mente y la mía, sin deseos entre tu corazón y el mío.

Te ofrezco mi mano. Puede que no la veas. Quizás percibas un viento caluroso rozar tu mano. No preguntes porqué, no lo hago para que comprendas nada, ya que es mi espíritu quien lo dicta y sus dictados van derechos al fuego que nos alumbra sin cesar.
Hablo en tu silencio porque eres tú quien ha decidido vivir en el presente y dejar, por fin, el pasado atrás.

No son mis huellas las que has de seguir, ni las de otros, pues ya es tiempo de que camines en la mar.

No te pido que tengas fe, ni siguiera esperanza: da. Da, sin esperar nada a cambio y descubrirás el gozo de la verdadera paz.

Nada temas por un futuro incierto pues es ahora cuando lo construyes. Que todo tu ser viva este instante con infinita generosidad.

Estoy, aunque no veas mi rostro. Eres como yo, soy como tú: cierra los ojos y me sentirás. ¿Te digo un secreto? Mi rostro es el de los demás.

Soy el cuenco y el agua. Soy quien tiene sed. Sin principio ni final, soy, somos, la Eternidad… Peregrinas, peregrinos, de la Paz.

¿Caminas en soledad? ¿Camino en soledad? ¡Nunca más!



ESTOY VIVO



¿Por qué me buscáis entre los muertos?
Es incuestionable que muchos me buscan y no me encuentran, pero es más cierto que hay quienes aun sin buscarme me han encontrado. Estoy vivo en sus corazones, pues estos, también como el mío, han sufrido su propia transformación, e incluso han experimentado su propia “muerte”, mas después de ésta ha seguido latiendo… Ninguna muerte puede 
con quienes son capaces de amar. Este amor ha nacido en sus entrañas, expandiéndose poco a poco, no sin dificultades, ni sinsabores; sabiendo comprender que son dignos de ser llamados hijas e hijos de Dios. No un dios lejano e inalcanzable, sino de Aquel que muestra su rostro humano; de Aquel que tiende su mano cuando la necesitas; del que ha nacido del seno de la Tierra llevando a ésta al estado de dignidad que le corresponde. Sólo quien experimenta la vida es capaz de entregarse por completo a su creación con conocimiento. No soy el dios iracundo del Antiguo Testamento sino el que se ha lanzado al mar de la vida, el que vive en cada una, en cada uno, de los seres que habitan en cualquiera de los universos imaginados o por imaginar. Vivo en ti aunque no lo sepas aún. He despertado en este mundo en multitudes y lo seguiré haciendo al ritmo de vuestros corazones. Os mostraré una y otra vez que la muerte no es nada, nada más que la ignorancia de vuestra esencia. He hablado por boca de tantos y tantos hijas e hijos… de vuestro hermano Jesús de Nazaret,  con él habéis podido descubrir el valor de vuestra dignidad… ¡Os he devuelto la libertad tras milenios de esclavitud! ¡No pertenecéis a nadie, no tenéis más dueño que vosotros mismos!
Levanta tu rostro, no para mirar al cielo esperando verme, sino para fijarte en el rostro de tu hermana, de tu hermano… de quien te necesita y desea en el fondo de su alma caminar contigo en esta senda hacia la felicidad que tanto ansiáis. Ahí estoy… ¡muy vivo!


RESURRECCIÓN


...Y se cumplió su voluntad.
Mi ser lo entregué por completo a mi Padre.
Después del sufrimiento,
el vacío y la paz.
Dos ángeles llegaron junto a mí,
me descendieron 
con el amor que sólo ellos pueden ofrecer,
trasladando mi cuerpo inerte
a la sala de resurrección,
donde desperté rodeado por mis hermanos.
Una voz escuché: 
"Desciendo para quedarme en tu hogar
y traigo LUZ para iluminarlo".

NO ME BUSQUES LEJOS


LA JAULA DE ORO



Gloria pidió ayuda a un anciano amigo: 

«Te hablo desde la desolación. ¿Qué pasa con el enorme dolor de un joven cada día más enfermo? 
»¡Dios! La soberbia me asalta. ¡Se me cruza la vida y la veo como una sombra, un sinsentido!
»Mi cuerpo y mi mente están cansados y no sé ayudar a  consolar. Hoy, las lágrimas brotan sangre.
»Te asalto, anciano. Entro en tu casa desesperada, con miedo, con dudas, con....
»Perdona, no te pertenece mi dolor, pero... me siento incapaz de  ayudar al ser que un día nació de mis entrañas y su pena me parte el alma.»


El anciano amigo escuchaba en el más respetuoso silencio.
Ambos cruzaron sus miradas. Sus ojos lo decían todo. 
Él comenzó a hablarle:

«Un viejo sabio fue a visitar a unos amigos. Le llamaron porque estaban muy afligidos.
»Al llegar, tras el saludo, le contaron que un tiempo atrás, en su jardín, un hermoso pájaro multicolor se posó. Ante tanta belleza le quisieron atrapar. Éste, revoloteaba alegre y ajeno a las intenciones de los habitantes de la casa.
»Una gran jaula dorada con frutas silvestres colocaron junto a un árbol, la puerta estaba abierta.
 »El pájaro se acercó atraído por el brillo de la jaula. Entró y se paseó con  curiosidad. Se aproximó donde la fruta estaba y, en ese momento, la puerta se cerró. Un gran alborozo se escuchó entre los habitantes, ¡habían conseguido su propósito! El más bello pájaro que nunca vieron ya era de ellos.
»Pasaron los días y el pájaro parecía feliz en su nuevo hogar, hasta que un día escuchó el canto de otro pájaro de su especie y sintió deseos de ir con él. Al intentar salir de la jaula  acabó haciéndose heridas en su cuerpo, la puerta estaba cerrada.
»El pájaro cada vez estaba más apenado. La alegría de los habitantes de la casa se tornó en tristeza al verle cómo perdía no sólo su brillo, sino que además, sus plumas iban cayendo sin remedio.
»El viejo sabio les preguntó si habían tenido en cuenta los deseos del pájaro. Ellos, sorprendidos, le comunicaron que ni se les había ocurrido que éste pudiera tener deseos.
¡Preguntadle! –exclamó.
»Así lo hicieron. El pájaro los miró y después observó la puerta de la jaula. »Comprendieron que quería que se la  abrieran.
»Una mujer, con todo el dolor de su corazón, abrió la pequeña portezuela. Tras revolotear por la jaula, el pájaro se posó frente a la puerta y comenzó a volar. Sus alas, con sus pocas plumas, le llevaron ante su “ama”. Se posó en sus manos y le miró a los ojos. Los dos se “entendieron”.
»Un intenso brillo apareció en los ojos de ambos y las alas del pájaro resplandecieron con intensidad. Le crecieron al instante las plumas perdidas.
»Seguidamente emprendió un nuevo vuelo. Esta vez tras escuchar el canto de un pájaro que se posó al otro lado del jardín. Se fue hacia él y los dos desaparecieron en el horizonte… felices.

»Comprendieron  y aceptaron  que la vida es impermanencia y en ella vivimos siempre. No se puede retener ni aprisionar aquello que ha nacido para ser libre… como tu hijo.»

–¡Gracias, viejo amigo!
–De nada, Gloria.




TAL VEZ


Una silueta vislumbro lejana.
Con paso decidido se aproxima.
Me sitúo a un lado, no siendo un obstáculo en su camino.
Al pasar junto a mí se me eriza la piel.
¿Quién es?
Me mira de soslayo sonriendo.
No para.
Se aleja y, yo impávido, no doy un paso.
¿Volverá?
Quizás mañana, a la misma hora…
Tal vez.



LOS APESTADOS



Vivimos  en un tiempo midiéndolo cronológicamente entorno a un personaje histórico. Si das unos pasos por la Tierra verás que otros como tú, como yo, tienen otra vara de medir, otro personaje histórico. Los calendarios se basan en los movimientos estelares basados en los ciclos de la Luna o el Sol. Los errores en calendarios pasados se han ido corrigiendo acercándose más a una realidad más objetiva.
Ponemos un primer día al calendario, a partir de ahí sumamos días. Para unos el actual es el gregoriano, para otros el hebreo, y aun para otros más el año musulmán… Todos son convencionales. Hoy por un hipotético suceso podríamos vivir el día primero de una nueva era y en torno a ésta crearíamos todo un mundo, celebrando con alegría y jolgorio el nacimiento de un nuevo año. 

Nuestra mente necesita puntos de referencia: conocer que hay un punto “A” que nos conduce hacia un punto “B”. Necesita nombres para designar lo que vemos, tocamos, conocemos… Lo que para unos en un lado del mundo tiene una tonalidad, para otros el mismo hecho su tonalidad es diferente y, sin embargo son ciertas ambas visiones para quien lo vive. Todo lo que experimentamos es relativo. Mas hay quien se cree en posesión de la Verdad. ¿Y si hay tantas verdades como experimentadores? ¿El hecho ocurrido a dos, tres, miles personas, le da más validez, más autenticidad, que aquel acontecimiento que sólo le ocurre a una? ¿Tiene que vivir como un apestado en la sociedad quien no encaja en las verdades que se han instaurado como “La Gran Verdad”?

Pero nuestra mente se pierde para comprender aquello que no se puede medir, encajar, enclaustrar, analizar…

 Estamos en un tiempo en que se están desmoronando muchas “verdades”. Es un tiempo en que los “apestados”, tal como una flor de loto surge del fango y ve la luz sobre las aguas turbias, están saliendo del encierro, de la soledad… Los “apestados” de este tiempo no proclaman verdades, pues no miden, analizan… Solamente extienden su perfume, se dejan ver en silencio. Ninguna verdad hay en ellos que descubrir, solamente tienden sus manos afectuosamente donde es necesario. SIENTEN, más allá de cualquier emoción pasajera, en sus carnes, en sus corazones, en sus almas, AL OTRO COMO A SÍ MISMOS. Se adecuan a cualquier calendario, viviendo el día a día como cualquiera, pero teniendo claro que el tic-tac que marca su tiempo lo marca el ritmo del corazón… más allá de cualquier formalidad, apariencia. El tiempo del “apestado” es atemporal. 

Surgimos y vivimos en cualquier agua turbia que impide ver con claridad. Hay otros ciclos más allá del marcado por la Luna y el Sol...


EN MÍ



¿Por qué te escondes alma mía?
¿Por qué este desespero, esta agonía?
¡Qué noche tan oscura!, ¡qué locura la mía!
¡Ay amor…, que tristeza, que congoja!
¿Eres real como el alba de cada día?
Qué sentido vivir sin ti, en este mundo pueril.
No puedo seguir… ¡Háblame!
¡Dime que estás ahí!
O mejor, que estás en mí.



HEBRAS DE VIDA




Me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.

Allá lejos quedan,
días, meses, años.
Vividos, amados, odiados,
recordados, olvidados…

Jugando a las canicas,
corriendo, brincando.
Ajeno a todo,
mi infancia pasó feliz…
sin conocer lo que después supe.
Lo que me selló.

Un día te vi
y como un rayo que atraviesa mi alma te sentí.
Una hebra tejió tu cuerpo y el mío,
tu alma y la mía.
Hilo invisible.
Hebras de vida.
Anteayer la muerte moraba en mí.
Ayer, hebras de vida…
junto a ti.

Hoy,
me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.

Hebras de vida.
¿Recuerdas?
Junto a ti.



CAMPO DE SUEÑOS



Hay días que se quedan grabados, que nunca se olvidan, y de ellos los que, curiosamente, una cifra se repite una y otra vez. Hoy es uno de estos últimos. Me alegro que esté trascurriendo con normalidad, puede que los duendes ya se hayan cansado y todo quedó en el pasado. Recuerdo algunos de ellos, parecen tan lejanos… Quizás capté el mensaje subliminal y haya pasado a otra etapa, una en que la vida trascurra con cierta calma.
A veces me pregunto si fueron reales, porque sólo están en mi mente, nada de ellos puedo aprehender, traer al presente. Claro, que, lo que viví ayer mismo ya no está, y sin embargo, tanto éste como todos mis días han ido construyendo como granos de arena, la duna en que me he convertido, y como tal, estoy a merced de los vientos. Vientos que soplan al ritmo que mi alma impele. Pasaron los tiempos en que eran otros soplos los que conformaban mi efigie, empujado por lo que llamaba “destino” o el azar…

«No era yo más que una oveja que junto a otras era llevada de unos pastos a otros, conducido por un pastor, reconozco que éste era “un buen pastor”. Un día me pregunté por qué… ¿No era posible alejarme, aunque sólo fueran unos pasos, más allá de lo que la senda, marcada por siglos de transitar, aconsejaba como seguro? Veía hierbas creciendo en la lejanía, junto a la montaña.
»Un día me decidí. Le dije ¡hasta pronto! al pastor. Él, con una sonrisa, me dio su aprobación. Yo sabía que no la necesitaba, pues sentía que era el momento de explorar el mundo exterior, aun así también sonreí. No miré atrás, con paso decidido me alejé, con la mirada concentrada en la montaña lejana.
»La soledad no la conocía. Al principio fue duro, estaba acostumbrado al roce, al cariño del rebaño. Todos formábamos una familia y éramos felices al abrigo del pastor. Ahora era solamente un recuerdo, eso sí, lo revivía una y otra vez, cuando la tristeza –nuevo sentimiento para mí– me inundaba. Me alimenté de cuanto encontraba hasta llegar a mi destino. No todas las hierbas me sentaron bien. Enfermé, creyendo que encontraría el final de mi vida en cualquier momento. No sé qué fuerza hizo que siguiera caminando. Recordaba palabras de aliento de mi viejo pastor cuando la sequía hacía que nos costara encontrar hierba fresca: “Confiad”… Y, siempre, terminábamos llegando a algún vergel desconocido hasta entonces. Parecía conocer con antelación nuestro futuro.
»Miré atrás, por si acaso alguna oveja siguió mis pasos, pero no fue así. Estaba ya a los pies de la montaña. Me alimenté, descansé y dormí profundamente.»

«Soñé: pastaba en un valle desconocido, donde convivían animales que nunca había visto, grandes y pequeños, y todos estaban afanados  en tareas que no comprendía; yo era uno de ellos. Ya no andaba a cuatro patas, sino que me mantenía sobre mis dos traseras… ¡Qué extraña sensación! Pero lo más sorprendente fue cuando me acerqué a un arroyo y me vi reflejado en el agua… ¡Oh! ¡Mi rostro! ¡Es semejante al del pastor! Creí desfallecer…
¿Cómo es posible? ¿Estoy soñando? Pero es tan real…
»Se acercaron varios animales con apariencia similar. Me tranquilizaron con una palmadita en la espalda. ¡Bebe y ven con nosotros! –dijeron.
»Les acompañé, como antaño seguía a mi pastor. Vestían ropas que nunca había visto a él llevar. Dos se pusieron a izquierda y derecha. No temas nada –manifestó uno de ellos–. Me fijé en los ojos de ambos, unos eran como los míos, redondos; pero los del otro, que era más alto, me daban cierto recelo: eran oblicuos y con una mirada profunda que hacía que todo mi cuerpo vibrara. Me sonrió, dándose cuenta –no sé cómo– de lo que me estaba sucediendo.
»Somos como tú –dijo el alto– y también formamos una familia, aunque nuestras apariencias sean tan diferentes. Venimos de rebaños distintos y durante mucho tiempo también nos guio un pastor. También, en un momento decisivo de nuestras existencias, tomamos la misma decisión crucial que tú tomaste: crear nuestro propio destino. Comprendimos que éste no sería fácil. Lo cómodo era seguir al pastor, nuestros días eran plácidos, ¿por qué dejarlo?
»En cada uno de nosotros –continuó–, llegado el momento, sentimos curiosidad, que más adelante se convierte en un impulso que nos impele a dar un paso más y otro. Forma parte de nuestro deseo de perfeccionamiento, un sentimiento innato que ha estado adormecido, como una serpiente enroscada esperando los primeros rayos de sol de un nuevo día. Ese calor ya no parte del que nos damos unos a otros en el rebaño, ni siquiera del que el pastor nos regala con sus cuidados, parte de nosotros mismos, ya que en cada uno hay un diminuto sol que poco a poco se expande, al ritmo que le marca nuestra voluntad, nuestros deseos más puros y nuestra acción compasiva. Acabamos comprendiendo que explorando otras tierras, hacemos un viaje interior, que todo cuanto ocurre fuera está aconteciendo dentro. Nos convertimos en peregrinos de nosotros mismos. Todo cuanto sucede a nuestro alrededor, a nuestros congéneres, nos está pasando a nosotros. El sol que nos habita, el “pastor” que nos guía ahora, nos enseña día a día que hay que llevar luz y calor a rincones oscuros, aparentemente deshabitados, inexplorados. Éste te da el alimento suficiente para existir, ya no necesitas de otro alimento, ni tienes que ocupar tu precioso tiempo en sobrevivir. Ahora todo tu esfuerzo consiste en ser portador de alegría, la de quien nada busca porque cuanto existe lo lleva en él.
Has visto cómo en el rebaño del que procedes iban muriendo quienes llegaban a viejos, quienes caían en las fauces de lobos, quienes no tenían acceso al alimento. No creas lo que tus ojos han visto. Tu verdadero cuerpo es este que ves, tiene una apariencia, pues todo tiene forma; el otro, el que dejas atrás, no es más que la consecuencia del aprendizaje que un día lejano emprendiste… una ensoñación. Tu familia es esta, somos también las “ovejas” que te acompañaban, salvo que ahora nos hemos convertido en “pastores”. Hay, otras tierras, donde pastan ovejas sin pastor, sin dirección, sin destino. Esperan, sin saberlo, que un pastor les enseñe. Más no necesitan seguirlo a fértiles campos, sino que les muestre el sol que les alimente por siempre. ¿Quieres ir?
»Me quedé pensativo ante las palabras que atentamente había escuchado. ¿Quién era yo, sino una oveja que lo único que pretendía era explorar otros campos? Sabía que la decisión de abandonar el redil me podría traer problemas y alguna que otra satisfacción. No me importaba. Cansado estaba de vegetar y ver cómo vegetaban las demás. ¿Era esto todo cuanto nos daba la vida? Y, de pronto, me encuentro que la vida es mucho más de cuanto conocía, que la muerte no existe, sino que todo vibra a ritmos diferentes y ello hace que sólo perciba un pequeño fragmento de mí mismo, aquel que me satisface durante un tiempo y al que presto toda mi atención. Estos seres me estaban mostrando que yo soy pura vibración; que tengo el poder de materializar cuanto imagino, creando un mundo donde se manifiesta y disolviéndolo cuando dejo de prestarle interés. Muerte y vida no son más que esto: un campo de sueños… del que quien Soy permanece despierto.
»Sin saber cómo desperté en un pastizal. No tenía hambre. La montaña, imponente, perdió mi interés de ascenderla y ver qué había al otro lado. Dirigí mis pasos al valle, al encuentro de alguna oveja con la que compartir un poco de calor y alegría, la de mi alma.»

Hay días que se quedan grabados… Hoy es diecisiete.

(Publicado el 17 de febrero de 2016)


A SU CREADORA



Un remanso de paz siento en mí, fluyo en la profundidad del Universo. Y escucho:
«Me acerco a ti, sigiloso, en silencio. Recorro espacios infinitos yendo a tu encuentro.
»Tu luz, tenue al principio, casi imperceptible, está extendiéndose por el firmamento y reclama mi atención.

»No sufras más, yo te acojo y te acurruco. Descansa plácidamente, como si nunca hubieras estado allí, como si nunca hubieras sufrido, como si nunca hubieras existido. Calmo tu dolor y lo convierto en gozo.
»Descansa hija mía.
»Ahora que estás recuperada, extiende tus alas y vuela, vuela por los confines del universo, los hice para ti.
»¿Ves esa hermosa estrella? Vuela hacia ella y desciende lentamente en su interior, fúndete con ella y siembra su espacio con mi amor. Quédate un tiempo, hasta que los retoños puedan levantar las alas, emprender el vuelo. Después déjalos y vuelve a mí. Cuéntame todo lo que allí pasó.
»¿Deseas quedarte conmigo un poco más?»

–Sí, contesté.

«¡Mira, ahí está tu mamá, feliz por tu llegada! Tómala de la mano y daos un paseo por el jardín, más allá del firmamento, donde nada os impide abrazaros con amor y compartir aquellos recuerdos, cuando tú eras un bebé.
»“Mi pequeña alma” te llamaba. ¿Escuchas la vieja canción que nos susurra el viento? Nos trae a papá, ahí está con su sonrisa.»

–¿Qué tal, “coletas”? –Otra vez mi padre habló.

 Y un instante eterno a los tres los envolvió.

En mi interior escuché: “Ahora déjalos, sabes que siempre que lo desees puedes estar aquí, más allá del espacio y el tiempo. Comienza un nuevo vuelo, esta vez no estás sola. Aquella estrella que dejaste ya está preparada, desea tu regreso. Necesita tu luz, tu amor... Necesita a su creadora”.



TRAS LA VENTANA


En lontananza, un paisaje impreciso me inquieta.
¿Qué depara el destino?
¿Es que he olvidado algo importante?
Intento recordar… ¡Imposible!
¡Qué ingenuidad en mi niñez! Sonreía por nada y todo me parecía maravilloso.
Mi mundo, mi pequeño mundo… ¿Qué fue de él?
¿Dónde quedan las imágenes, los sonidos, mis pocos recuerdos…?

Perdido en la bruma intento aquietar mi mente alborotada.
No puedo.
Angustia, desazón…
¿Dónde estoy?
Oscuridad.
¿Dónde aferrarme?
¡Luz! ¿Dónde te encuentras?

Deja de llover. El intenso frío remite.
¡Por fin un poco de calma!

Me asomo a la ventana de mi alma.
¿Por qué, oscuridad, no te alejas para siempre?
Deja que el alba llegue al último rincón de mi ser.

Cierro la ventana. Abro la puerta. Doy un paso, otro más…
Sonrío, sin memoria, sin recuerdos, sin futuro ni pasado, ¿para qué?
Respiro el aire fresco.
Olor a tierra mojada.
¿Necesito más?
La hierba bajo mis pies.
En lo alto, un sol ardiente aviva mi cuerpo y mi alma.
Todo es efímero…, el pasado, el futuro... incluso yo.
Doy un paso más.




RECUERDO



¿Recuerdas?
Yendo sin destino,
por la gran avenida.
Hablando de la vida y la muerte también.
Sin darnos cuenta que,
con hilos etéreos,
reanudamos un lazo,
tejido y concebido al alba del tiempo.
Nuestros cuerpos,
al caminar,
tropezando uno con el otro…
Nos reíamos,
sin comprender…
Sintiendo.

Tiempo más tarde,
bajo la lluvia otoñal,
por el mismo lugar.
Nuestras manos enlazadas.
Nos mirábamos y sonreíamos.
Sin palabras,
los corazones hablando,
para decirnos que,
es ahora el momento anhelado.
Tú y yo,
cada noche,
cada día,
tejemos un ropaje de amor y luz,
¿Recuerdas?
Recuerdo.


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