VIENTO
¿Dónde estás humanidad?
¿Dónde los perros sin rabo?
¿Dónde los niños con infancia robada?
¿Dónde los justos con maletín y corbata?
¿Dónde mi padre y madre, enterrados en vida?
¿Dónde estás alma desgarrada?
Antes del alba te levantas maquinalmente,
un día y otro también.
Vas y vienes, vienes y vas.
Comienzas adolescente y acabas con el pelo cano,
un día y otro también.
Yendo y viniendo sin saber por qué.
Un día la parca llama a tu puerta,
no te levantas.
No por vaguedad.
Tu cuerpo enjuto, gastado, no puede más.
¡Empuja! ¡Abierta está!
¡Pasa hermana muerte y llévame al más allá,
donde encuentre una hogaza y un poco de paz!
¿Dónde estás humanidad?
Te perdí la pista en la pubertad
cuando supe que mi sangre me la robaban sin más.
¿Cuál mi delito?
¿Nacer paria y crecer esclavo en el más acá?
Esclavo, paria… ¡Qué más da!
Tus palabras ya no me dañan.
¿Y tú quién eres, mi dueño?
¡Iluso!
Soy libre.
Viento sin cuerpo ni alma.
Voy de allá para acá.
Y tú, dueño de nada,
anclado con monedas de oro y nada más.
¡Adiós!
¡Hasta nunca!
Me voy,
tú te quedas acá,
en este reino de humo,
ilusión…
y nada más.
LA CEGUERA Y LA REALIDAD
Tres ciegos se adentraron en la selva, especulando sobre las grandes verdades del universo y las diferentes filosofías de sus ancestros y maestros, cuando, de pronto, se encontraron con un obstáculo que les impedía el paso.
Uno de ellos dijo:
Por el tacto parece una roca, es dura y además grande, no creo que podamos pasar por aquí.
El segundo aclaró:
Por lo que percibo no es grande, es alargado. Además se mueve y parece que quiere agarrar mi mano. Creo que es una serpiente. ¡Vayámonos de aquí, o nos morderá!
El tercero se adelantó. No tocó ni una roca, ni una serpiente. Palpó dos grandes troncos ante él que le impedían el paso. Les rectificó:
No os preocupéis son sólo árboles. ¡Demos un rodeo para seguir nuestro camino!
Cuando los tres ciegos se dieron la vuelta se escuchó un gran estruendo seguido de temblores de tierra. Asustados, se abrazaron pensando que era el final de sus vidas... Sin embargo nada de eso ocurrió.
El terrible sonido provenía de un elefante que, tumbado en mitad del camino, se despertó de un largo y plácido sueño, ajeno a las terribles experiencias vividas por los ciegos.
Levantándose y sostenido por sus grandes patas comenzó a andar moviendo su trompa para apartar las moscas que le molestaban. Se alejó del camino en busca de su alimento diario: unas deliciosas hojas de un árbol cercano…
Allá quedaron los asustados ciegos hasta que el silencio les trajo un poco de serenidad, reanudando su camino sin acertar qué es lo que en realidad ocurrió. Sus mentes no paraban de elucubrar.
Unos minutos más tarde se encontraron con una niña que canturreaba.
¡Preguntémosle! –dijo el primero.
¡Sí, sí! ¡Quizás sepa algo! –Contestó el segundo.
¿Qué va a saber una pequeñaja? ¡Más que nosotros seguro que no! –Les replicó el tercer ciego.
¡Niña! ¿Has escuchado algo parecido a una explosión seguido de temblores en la tierra? –Se atrevió a preguntarle el primero.
¡Oh, no, venerables! Sólo he visto pasar a Simba, mi elefante, por el camino, haciendo sonar su trompa alegremente.
¡Tonterías de niña! ¡Nosotros sabemos que no ha podido ser un elefante! –Al unísono contestaron los tres.
Refunfuñando, siguieron su camino volviendo a deliberar sobre las grandes cuestiones de la vida.
A lo lejos, en sentido opuesto, se alejaba la niña junto a Simba, su elefante y amigo…
¡BAILAD!
Una noche de un día, cuya fecha quedó en el olvido, viniste a darnos un mensaje, unas palabras que entonces carecían de sentido y que sólo años más tarde comprendimos en toda su dimensión: “Bailad juntos”. Tu hija me contó el extraño sueño, no parecía que se refiriera a que nos pusiéramos a bailar en ese momento. Fue años más tarde, cuando, sin ningún tipo de “presión mundana” decidimos firmar un papel que confirmara el compromiso que nuestras almas se dieron tiempo atrás.
Unas horas antes, noche de luna llena, nuestros cuerpos bailaron al son que nuestras almas les marcaban. No, no hubo testigos, o así lo creímos. Y llegaste tú, amiga de nuestras almas, a poner la “guinda” en el pastel. Cuando el cuerpo reposa y el alma se libera por un momento de su opresión, llegaste ante nosotros y contemplaste, en silencio, cómo nuestras almas, una frente a la otra, abrazadas, bailaban sin cesar, girando como dos derviches en una danza que parecía no tener final. Y sin embargo la tuvo: un reloj marcando las doce y los cuarenta grados de un termómetro, colgados de la pared de una realidad distinta, era cuanto se distinguía aparte de nuestras almas; los dos desaparecimos sin dejar rastro tras una implosión que oscureció aún más la morada. El universo nos recibió, al otro lado del velo, como Uno más.
Horas más tarde dijimos ¡Sí!, rubricando lo que el espíritu unió para siempre en un instante de eternidad.
LAS GOLONDRINAS
Hoy, cansado de tanto andar, descanso.
Ahora, saturada la mente, me aquieto.
Sosiego.
La brisa mece la higuera al compás de una sintonía que no alcanzo a escuchar.
Silencio.
Una golondrina se posa por primera vez junto al olivo.
Sin temor me observa y canturrea. Otra revolotea y se une a ésta.
Ambas emprenden una conversación muy animada, quizás el preludio de un cortejo primaveral.
Observo. Sus miradas con la mía se cruzan. Parecen sonreír.
Una ráfaga de viento enturbia el instante.
Vuelan… Se alejan y sé con seguridad que volverán.
Mi mente sosegada.
Alivio.
Ahora, doy gracias por este presente en la eternidad.
Mi alma vuela con ellas, una vez más.
SOMOS EL MAR
Una gota de agua le preguntó al mar:
¿Dónde te encuentras que no te veo?
El mar no le respondió.
¿No me oyes?
Siguió sin tener respuesta.
La gota entristecida se acercó a la orilla y se alejó tierra adentro.
Creyéndose sola,
miraba a su alrededor,
un sol abrasador la cegaba.
Y no pudo ver qué o quién había a su lado.
Comenzó a llorar,
tanto que sus lágrimas hicieron un reguero que llegó hasta el mar.
Éste alargó sus brazos hasta llegar a la gota entristecida
envolviéndola en su regazo.
Las demás gotas que estaban junto a ella saltaban de alegría
creando grandes olas
y atrayendo a la gota entristecida hasta el corazón del mar.
El mar entonces le habló:
“Has elegido tu propio camino,
vivido experiencias únicas.
Has sonreído, llorado, cantado, gritado,
pero te olvidaste de lo más importante: saber quién eres.
Te creíste sola y abandonada,
es el camino que elegiste para amarte a ti misma.
Y que comprender quién eres es saber
que tu destino está ligado al de todas las gotas;
que el abandono de tus deseos,
de ti misma,
es el camino del reencuentro.
Esperaba que te dieras cuenta que me encontraba dentro de ti,
que en realidad nunca has estado separada de mí.
Todas las gotas somos el mar.
Sin pasado, sin futuro.
Somos en la eternidad el mar.”
GRACIAS HIJO
Mediodía.
Sentados a la mesa, mi madre nos miraba queriendo sonreír mas no pudo.
Sin decir una sola palabra posó el puchero, un cazo colmado de caldo se paseó entre los platos dejando caer unas pocas lentejas.
A cada uno de mis hermanos le ofreció un pedazo de pan.
Nos miramos sin atrevernos a decir palabra, pero me decidí:
–¡Mamá!, ¿por qué tan poca comida?
–Vuestro padre salió a buscar trabajo y comida, todavía no ha vuelto y es todo cuanto tenemos.
–¡Mamá, pero si papá está trabajando!
–Le despidieron tras duros años de trabajo. Seis meses sin cobrar su sueldo y se han acabado todos los ahorros. Ni siquiera podemos pagar la hipoteca de esta sencilla casa. Sale todos los días a la misma hora para que no os deis cuenta y porque se hunde si se queda en casa.
–¿Nos van a echar a la calle como a los vecinos?
–Espero que no, que ocurra un milagro.
«¿Un milagro? –respondí–. Soy aun joven, pero me doy cuenta de lo que pasa: que hay unos pocos que no les basta con lo suyo, sino que quieren más y más, su ambición no tiene fin. Les han quitado todo a los vecinos y ahora vienen a por lo nuestro. Pero, ¿no hay casas para todos, comida para todos, trabajo para todos? ¿No hay suficiente tierra para trabajarla y que dé alimentos para saciar nuestra hambre? ¿Por qué los ricos tienen todo y nosotros nada? ¿Por qué si muchos como papá son los que trabajan, el dinero se lo llevan unos pocos que nada producen? ¿Les debemos algo…, la vida acaso? ¿No hemos nacidos todos siendo iguales según las leyes humanas, no dice lo mismo la religión que tanto pregonan? Nos engañan, mamá, nos engañan.
»Mamá, estoy cansado de verte llorar cuando te encierras en la habitación. Harto de ver cómo llega abatido papá estos días. Cansado de ver viviendo a la intemperie a tanta gente que ha perdido su hogar, a gente a la que conozco y aprecio. Pero, ¿es que no tienen corazón quienes pueden arreglar esto? He escuchado que son “ellos” los que han creado esta situación porque no tienen alma, en sus mentes solamente hay dinero, dinero y más dinero. Son unos infelices que nos están arrastrando a su precipicio.
»¿Un milagro, mamá? El milagro es que recuperemos la dignidad. El milagro es que recuperemos nuestra voluntad. Se las hemos regalado porque nos sentimos incapaces de administrar, dirigir nuestras vidas; incapaces de pensar, acomplejados porque no tenemos títulos, ni “nobleza”. Se las hemos regalado porque llevan siglos contándonos el mismo cuento: “La vida es así, hay que resignarse”; “Siempre habrá ricos y pobres”; “En el paraíso nos espera la auténtica felicidad”. Y mientras tanto vivimos humillados, temiendo qué nos deparará el día de mañana, si tendremos o no suficiente comida.
»Mamá, ya no somos niños a los que llevar de la mano a los que no se les pregunta nada importante. Hemos crecido, madurados en silencio, pero ya es hora de decir ¡basta!, ¡nadie es más que nadie! Por perder, hemos perdido hasta el miedo.
»Este es el milagro: sé que soy dueño de mi persona. Mi voluntad y dignidad ni se compra ni se vende. Mamá, no viviré arrodillado como tú y papá, agradecido por un pedazo de pan. Somos muchos, cada día más los que despertamos de una pesadilla.»
Mi madre rompió a llorar, por primera vez en su vida ante todos. Entre sollozos me dijo: “Gracias hijo”.
UN RADIANTE SOL
El Sol me ilumina,
le doy la espalda y creo una sombra.
La observo.
En mi pecho brilla ahora un radiante sol que la disuelve en su luz.
NUESTRO SER
Nuestro Ser, quiero decir el que somos en realidad, vive en multitud de dimensiones, en cada una con un objetivo concreto. Cada uno tenemos una personalidad, que es la suma de millones de células, organizadas en órganos necesarios para la vida. ¿Cada una de ellas es ajena al resto? Nuestra personalidad reside en cada una de ellas, pero si una célula muere, ¿muere la personalidad, o ésta sobrevive creando nuevas células? Del mismo modo a un nivel más global, incluyente, nuestra alma tiene multitud de experiencias vitales, encarnaciones, cada una cumple una función necesaria para la vida del alma. A un nivel aún más incluyente, el espíritu engloba a diferentes almas, éstas cumplen una función, igualmente vital, para el espíritu que las ha creado. Y dicho espíritu no es más que una "célula" de un cuerpo mayor cumpliendo una función vital. Toda célula en la dimensión en que se mueve, no está aislada sino que está conectada al Ser. La diferencia reside en ser consciente o no de esta conexión y en colaborar o no conscientemente en la expansión infinita y experimentación de la Vida de Ser, que solemos llamar Dios. Cuando salimos del aislamiento (egoísmo) somos receptivos a otras dimensiones, es lo que han venido demostrando muchas "células" a través de la historia humana -amad, dicen esas voces-. Y la Vida se expande tanto hacia "arriba" como hacia "abajo"; en el interior de tu cuerpo como en el interior de la Tierra, que también es un cuerpo, del que somos cada uno una célula. Hay vida en Todo, pues Todo es vida. Si expandimos nuestra conciencia las barreras desaparecen y lo oculto se muestra, pero no más de lo que podamos "soportar", no sea que tanta luz nos fulmine.
EL LLANTO DE UN NIÑO
En la sala del olvido entré sin saber bien cómo el proceso anularía mis recuerdos, mi identidad acumulada a lo largo del tiempo. Mi “yo” quería revelarse, dar un paso atrás… pero la decisión era inapelable: volvería una vez más a “embarrarme”.
Un silencio angustioso, como una descarga eléctrica, recorrió mi ser ilimitado y, como un rayo, fui impelido a un viaje sin retorno hacia el interior. Pasé de ser consciente de la compleja inmensidad de mi existencia a constituir nuevamente una ínfima partícula “dentro” de mí mismo “casi” virginal. Solamente conservaba el propósito y la energía necesaria para materializarlo, nada más.
“Voluntad y propósito” me repetía, mientras se completaba el paso del “Todo a la Nada”. No quería sucumbir a la colosal atracción que ejercen los instintos naturales del cuerpo que iba a habitar por largos años y que prevalecieran, como ya ocurrió antaño, ante mi objetivo. Esta vez no lo planteé como un conflicto en el que debe ganar una de las partes implicadas, sino que célula a célula trabajaría incansablemente, dejándome llevar por el ritmo, lento, pero constante, de fusión celular-estelar que había ya experimentado en una anterior proyección, aunque de modo efímero. ¿Por qué dominar cuando puedo transmutar?
Lo que había hecho con mi cuerpo anteriormente, cómo lo traté, determinó cómo me relacionaba con mis congéneres. Vivía en un conflicto constante, intentando conquistar y someter a cuanto estaba a mi alcance, ya fuera humano o animal. Solamente conseguí formar parte de un mundo violento donde unos pocos imponíamos nuestra voluntad a los demás. No importaba el sufrimiento generado, pues seguía una ley que creía innata, la del más fuerte. La empatía se acababa cuando dejaba de verme en el espejo, reflejo de un ser que no era real, sino una caricatura de humanidad.
El mundo que nuevamente iba a experimentar, no era muy diferente al que dejé, quizás tecnológicamente más avanzado, aunque el ritmo de deshumanización aumentaba en un escenario que encogía mi ser, al sentirme causante de semejante desastre. Soy yo quien ha cambiado y no estoy, ahora, solo en este empeño: somos muchos quienes nos hemos dado cuenta de la necesidad de un cambio radical, pues está en juego la propia existencia humana. He visto algunos futuribles que podrían acontecer, espero y deseo que sólo uno de ellos se cumpla. Por eso estamos aquí, para embarrarnos.
El llanto de un niño se escuchaba en una sencilla habitación. La comadrona cortaba el cordón que le unía al cuerpo de su madre. Esta escena se repetía en los cuatro puntos cardinales. El lamento amplificado es un grito desgarrador, quizás el último. Millones de almas estamos dispuestas a que así sea y que la transformación, la boda cósmica, sea una realidad, aquí y ahora.
UNA NOCHE OSCURA
Hoy,
es uno de esos días que costaba desperezarme.
Quizás el oscuro mundo de los sueños haya dejado un lastre difícil de desenganchar.
Sin recuerdos,
impresiones de nostalgias olvidadas,
nada más.
Sumergido en las profundidades marinas sin camino de vuelta.
Atrapado en aguas turbulentas,
mi mente divaga,
se pliega,
se ensancha.
Me falta el aire,
preciso respirar.
Miro hacia un cielo intuido,
en lo alto,
en mis adentros.
Oscuridad y silencio.
Me ahogo.
Finalmente abro los ojos,
la luz del alba entra en mi habitación,
en mi alma.
Sonrío.
Atrás queda una noche oscura, una más de mi alma.
PEREGRINOS DE LA PAZ
Camino en soledad, no porque te rechace sino porque quiero que escuches lo más profundo de tu ser. Sin barreras entre tu mente y la mía, sin deseos entre tu corazón y el mío.
Te ofrezco mi mano. Puede que no la veas. Quizás percibas un viento caluroso rozar tu mano. No preguntes porqué, no lo hago para que comprendas nada, ya que es mi espíritu quien lo dicta y sus dictados van derechos al fuego que nos alumbra sin cesar.
Hablo en tu silencio porque eres tú quien ha decidido vivir en el presente y dejar, por fin, el pasado atrás.
No son mis huellas las que has de seguir, ni las de otros, pues ya es tiempo de que camines en la mar.
No te pido que tengas fe, ni siguiera esperanza: da. Da, sin esperar nada a cambio y descubrirás el gozo de la verdadera paz.
Nada temas por un futuro incierto pues es ahora cuando lo construyes. Que todo tu ser viva este instante con infinita generosidad.
Estoy, aunque no veas mi rostro. Eres como yo, soy como tú: cierra los ojos y me sentirás. ¿Te digo un secreto? Mi rostro es el de los demás.
Soy el cuenco y el agua. Soy quien tiene sed. Sin principio ni final, soy, somos, la Eternidad… Peregrinas, peregrinos, de la Paz.
¿Caminas en soledad? ¿Camino en soledad? ¡Nunca más!
ESTOY VIVO
¿Por qué me buscáis entre los muertos?
Es incuestionable que muchos me buscan y no me encuentran, pero es más cierto que hay quienes aun sin buscarme me han encontrado. Estoy vivo en sus corazones, pues estos, también como el mío, han sufrido su propia transformación, e incluso han experimentado su propia “muerte”, mas después de ésta ha seguido latiendo… Ninguna muerte puede
con quienes son capaces de amar. Este amor ha nacido en sus entrañas, expandiéndose poco a poco, no sin dificultades, ni sinsabores; sabiendo comprender que son dignos de ser llamados hijas e hijos de Dios. No un dios lejano e inalcanzable, sino de Aquel que muestra su rostro humano; de Aquel que tiende su mano cuando la necesitas; del que ha nacido del seno de la Tierra llevando a ésta al estado de dignidad que le corresponde. Sólo quien experimenta la vida es capaz de entregarse por completo a su creación con conocimiento. No soy el dios iracundo del Antiguo Testamento sino el que se ha lanzado al mar de la vida, el que vive en cada una, en cada uno, de los seres que habitan en cualquiera de los universos imaginados o por imaginar. Vivo en ti aunque no lo sepas aún. He despertado en este mundo en multitudes y lo seguiré haciendo al ritmo de vuestros corazones. Os mostraré una y otra vez que la muerte no es nada, nada más que la ignorancia de vuestra esencia. He hablado por boca de tantos y tantos hijas e hijos… de vuestro hermano Jesús de Nazaret, con él habéis podido descubrir el valor de vuestra dignidad… ¡Os he devuelto la libertad tras milenios de esclavitud! ¡No pertenecéis a nadie, no tenéis más dueño que vosotros mismos!
Levanta tu rostro, no para mirar al cielo esperando verme, sino para fijarte en el rostro de tu hermana, de tu hermano… de quien te necesita y desea en el fondo de su alma caminar contigo en esta senda hacia la felicidad que tanto ansiáis. Ahí estoy… ¡muy vivo!
RESURRECCIÓN
...Y se cumplió su voluntad.
Mi ser lo entregué por completo a mi Padre.
Después del sufrimiento,
el vacío y la paz.
Dos ángeles llegaron junto a mí,
me descendieron
con el amor que sólo ellos pueden ofrecer,
trasladando mi cuerpo inerte
a la sala de resurrección,
donde desperté rodeado por mis hermanos.
Una voz escuché:
"Desciendo para quedarme en tu hogar
y traigo LUZ para iluminarlo".
LA JAULA DE ORO
Gloria pidió ayuda a un anciano amigo:
«Te hablo desde la desolación. ¿Qué pasa con el enorme dolor de un joven cada día más enfermo?
»¡Dios! La soberbia me asalta. ¡Se me cruza la vida y la veo como una sombra, un sinsentido!
»Mi cuerpo y mi mente están cansados y no sé ayudar a consolar. Hoy, las lágrimas brotan sangre.
»Te asalto, anciano. Entro en tu casa desesperada, con miedo, con dudas, con....
»Perdona, no te pertenece mi dolor, pero... me siento incapaz de ayudar al ser que un día nació de mis entrañas y su pena me parte el alma.»
El anciano amigo escuchaba en el más respetuoso silencio.
Ambos cruzaron sus miradas. Sus ojos lo decían todo.
Él comenzó a hablarle:
«Un viejo sabio fue a visitar a unos amigos. Le llamaron porque estaban muy afligidos.
»Al llegar, tras el saludo, le contaron que un tiempo atrás, en su jardín, un hermoso pájaro multicolor se posó. Ante tanta belleza le quisieron atrapar. Éste, revoloteaba alegre y ajeno a las intenciones de los habitantes de la casa.
»Una gran jaula dorada con frutas silvestres colocaron junto a un árbol, la puerta estaba abierta.
»El pájaro se acercó atraído por el brillo de la jaula. Entró y se paseó con curiosidad. Se aproximó donde la fruta estaba y, en ese momento, la puerta se cerró. Un gran alborozo se escuchó entre los habitantes, ¡habían conseguido su propósito! El más bello pájaro que nunca vieron ya era de ellos.
»Pasaron los días y el pájaro parecía feliz en su nuevo hogar, hasta que un día escuchó el canto de otro pájaro de su especie y sintió deseos de ir con él. Al intentar salir de la jaula acabó haciéndose heridas en su cuerpo, la puerta estaba cerrada.
»El pájaro cada vez estaba más apenado. La alegría de los habitantes de la casa se tornó en tristeza al verle cómo perdía no sólo su brillo, sino que además, sus plumas iban cayendo sin remedio.
»El viejo sabio les preguntó si habían tenido en cuenta los deseos del pájaro. Ellos, sorprendidos, le comunicaron que ni se les había ocurrido que éste pudiera tener deseos.
¡Preguntadle! –exclamó.
»Así lo hicieron. El pájaro los miró y después observó la puerta de la jaula. »Comprendieron que quería que se la abrieran.
»Una mujer, con todo el dolor de su corazón, abrió la pequeña portezuela. Tras revolotear por la jaula, el pájaro se posó frente a la puerta y comenzó a volar. Sus alas, con sus pocas plumas, le llevaron ante su “ama”. Se posó en sus manos y le miró a los ojos. Los dos se “entendieron”.
»Un intenso brillo apareció en los ojos de ambos y las alas del pájaro resplandecieron con intensidad. Le crecieron al instante las plumas perdidas.
»Seguidamente emprendió un nuevo vuelo. Esta vez tras escuchar el canto de un pájaro que se posó al otro lado del jardín. Se fue hacia él y los dos desaparecieron en el horizonte… felices.
»Comprendieron y aceptaron que la vida es impermanencia y en ella vivimos siempre. No se puede retener ni aprisionar aquello que ha nacido para ser libre… como tu hijo.»
–¡Gracias, viejo amigo!
–De nada, Gloria.
TAL VEZ
Una silueta vislumbro lejana.
Con paso decidido se aproxima.
Me sitúo a un lado, no siendo un obstáculo en su camino.
Al pasar junto a mí se me eriza la piel.
¿Quién es?
Me mira de soslayo sonriendo.
No para.
Se aleja y, yo impávido, no doy un paso.
¿Volverá?
Quizás mañana, a la misma hora…
Tal vez.
LOS APESTADOS
Vivimos en un tiempo midiéndolo cronológicamente entorno a un personaje histórico. Si das unos pasos por la Tierra verás que otros como tú, como yo, tienen otra vara de medir, otro personaje histórico. Los calendarios se basan en los movimientos estelares basados en los ciclos de la Luna o el Sol. Los errores en calendarios pasados se han ido corrigiendo acercándose más a una realidad más objetiva.
Ponemos un primer día al calendario, a partir de ahí sumamos días. Para unos el actual es el gregoriano, para otros el hebreo, y aun para otros más el año musulmán… Todos son convencionales. Hoy por un hipotético suceso podríamos vivir el día primero de una nueva era y en torno a ésta crearíamos todo un mundo, celebrando con alegría y jolgorio el nacimiento de un nuevo año.
Nuestra mente necesita puntos de referencia: conocer que hay un punto “A” que nos conduce hacia un punto “B”. Necesita nombres para designar lo que vemos, tocamos, conocemos… Lo que para unos en un lado del mundo tiene una tonalidad, para otros el mismo hecho su tonalidad es diferente y, sin embargo son ciertas ambas visiones para quien lo vive. Todo lo que experimentamos es relativo. Mas hay quien se cree en posesión de la Verdad. ¿Y si hay tantas verdades como experimentadores? ¿El hecho ocurrido a dos, tres, miles personas, le da más validez, más autenticidad, que aquel acontecimiento que sólo le ocurre a una? ¿Tiene que vivir como un apestado en la sociedad quien no encaja en las verdades que se han instaurado como “La Gran Verdad”?
Pero nuestra mente se pierde para comprender aquello que no se puede medir, encajar, enclaustrar, analizar…
Estamos en un tiempo en que se están desmoronando muchas “verdades”. Es un tiempo en que los “apestados”, tal como una flor de loto surge del fango y ve la luz sobre las aguas turbias, están saliendo del encierro, de la soledad… Los “apestados” de este tiempo no proclaman verdades, pues no miden, analizan… Solamente extienden su perfume, se dejan ver en silencio. Ninguna verdad hay en ellos que descubrir, solamente tienden sus manos afectuosamente donde es necesario. SIENTEN, más allá de cualquier emoción pasajera, en sus carnes, en sus corazones, en sus almas, AL OTRO COMO A SÍ MISMOS. Se adecuan a cualquier calendario, viviendo el día a día como cualquiera, pero teniendo claro que el tic-tac que marca su tiempo lo marca el ritmo del corazón… más allá de cualquier formalidad, apariencia. El tiempo del “apestado” es atemporal.
Surgimos y vivimos en cualquier agua turbia que impide ver con claridad. Hay otros ciclos más allá del marcado por la Luna y el Sol...
EN MÍ
¿Por qué te escondes alma mía?
¿Por qué este desespero, esta agonía?
¡Qué noche tan oscura!, ¡qué locura la mía!
¡Ay amor…, que tristeza, que congoja!
¿Eres real como el alba de cada día?
Qué sentido vivir sin ti, en este mundo pueril.
No puedo seguir… ¡Háblame!
¡Dime que estás ahí!
O mejor, que estás en mí.
HEBRAS DE VIDA
Me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.
Allá lejos quedan,
días, meses, años.
Vividos, amados, odiados,
recordados, olvidados…
Jugando a las canicas,
corriendo, brincando.
Ajeno a todo,
mi infancia pasó feliz…
sin conocer lo que después supe.
Lo que me selló.
Un día te vi
y como un rayo que atraviesa mi alma te sentí.
Una hebra tejió tu cuerpo y el mío,
tu alma y la mía.
Hilo invisible.
Hebras de vida.
Anteayer la muerte moraba en mí.
Ayer, hebras de vida…
junto a ti.
Hoy,
me voy caminando lejos,
tan lejos como mi alma quiera
y mi cuerpo aguante.
Me voy sin querer mirar atrás,
pa’que el dolor no me estalle.
Hebras de vida.
¿Recuerdas?
Junto a ti.
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