EL AMOR ES...


El amor no se jacta,

no se mide,

ni rechaza ni juzga.

El amor es generosidad,

entrega, 

solidaridad 

y humanidad.

El amor verdadero ES, 

cuanto tú y yo somos Uno 

en la diversidad.



EL AMOR



 El amor es una semilla 

que hay que sembrar,

con agua amamantar 

y en tu regazo calentar.

Su raíz oculta,

sus frutos al Sol.

  Tómalos y compártelos.

   Serás Alma y Corazón.



CARTA A MI MADRE

 


Carta a mi madre


Mamá, te escribo por aquí porque me resulta imposible contactar contigo.

¿Sabes que te quiero?

Salí de casa hace ya unos años, tú sabes bien por qué. Ya no sé si fui una niña querida o solamente me soportabas. ¿Por qué descargabas en mí tu ira y tu odio contra mi padre? Al principio yo callaba, demasiado pequeña para alzar mi voz. Vivía en una duda insoportable, ¿era yo la culpable de vuestro desamor?

Y, fui comprendiendo… que no se puede dar lo que no se tiene. ¿Fui una niña deseada, o fruto de sexo sin amor? Eras muy joven, lo sé. Querías divertirte y rechazabas la responsabilidad de criarme. Pero llegué a este mundo y me convertí en una carga, en la ‘no deseada'. 

Mamá, dirás que nunca fue así como me trataste. ¿Quieres que hable, que diga lo que llevo guardado y que me carcome?

Desde que llegó tu nuevo ‘amor' todo fue a peor. Incomodaba vuestra relación. Él no quería hijos de otro, por no querer no te quería ni a ti. Al principio, a escondidas me trataba mal, con desprecio. Aparentaba…, pero acabó haciéndolo ante tus ojos, y tú callabas y asentías dándole la razón. Acabó siendo un infierno y no pude más, estallé. Sí, alcé la voz, grité, lloré, pataleé…, pero nunca te pegué, ¡lo sabes muy bien! Él le dio la vuelta a lo que pasó y urdió el plan perfecto para deshacerse de mí. Y tú, mamá, la que me pariste, me vendiste al mejor postor. Gritaste al mundo que era una mala hija, me denunciaste, y con tu testigo falso, me condenaste.

Hoy, mamá, no te guardo rencor. Lo he superado porque he conocido lo que es el verdadero amor. Espero que un día abras los ojos.

Espero noticias tuyas.

Te quiero, mamá.

Tu hija


UN RAYO DE LUZ


Hoy amaneció gris, entristecí.

Paseando a la orilla del mar

miré al horizonte.

Un rayo de luz 

me devolvió la esperanza.

Humanidad,

aún creo en ti.

Sonreí.



LAS ABUELILLAS

 Cuando niño, al pasear por la plaza, recuerdo a las abuelillas y algunas mujeres aún casaderas, sentadas en corrillo, comentando la noticia del día: “fulanito se está viendo a escondidas con menganita". ¡Qué poca vergüenza! Era lo más repetido.

  Cuando bajaba el Sol y el frío llegaba, la plaza se quedaba vacía. Sólo el bar tenía vida. Me asomaba a buscar a mi padre, la cena ya estaba preparada. Algunos discutían acaloradamente sobre la subida del pan, ¡dónde vamos a parar! Otros sólo les importaba quién iba a ganar la liga, si el Barça o el Madrid. Todo muy normal.

  En casa, Elena Francis aconsejaba cómo superar una crisis matrimonial. La radio siempre estaba conectada, radio España, Intercontinental, Cadena Ser… Con facilidad se cambiaba de dial. 

  Por fin la cena, preparada con esmero por mi madre. ¡A la mesa! El mantra de cada noche. Entre cotilleos, alguna regañina de última hora, preocupaciones sobre la situación del país -en voz baja, que las paredes oyen-, y la última del famoseo, acabó la jornada. A la cama que mañana será otro día.

  Han pasado los años, muchas cosas han cambiado. La plaza está irreconocible, ya no hay abuelas, los coches ocupan su lugar. La fuente no está, no hay cántaros que llenar. Ni sucursal bancaria, sólo un cajero que casi nadie saber utilizar, con él no se puede hablar. ¡Ay banqueros qué poca empatía, no todo es ganar pasta, un mucho de humanidad!

  En casa, ya casi nada es igual. Ni madre, ni hermanos, ni visitas al bar. Otros ocupan su lugar.

  La radio suena de fondo, una emisora musical, canciones de ayer y de siempre…

  Pongo el televisor. Sí, es en color, lo habéis adivinado -antes todo era gris-, incluso con acceso a internet. Las noticias, las opiniones, la información, el entretenimiento… ¡Cuántas diferencias! Ya no hay un monotema, se puede elegir, incluso apagar.

  La plaza se ha trasladado a un universo virtual donde se habla, se escribe, se visiona, de todo lo humano y lo divino. Se forman corrillos afines, algunos inocentes y otros mejor no nombrar. Se defiende lo indefendible e incluso causas justas, la guerra y la paz. Se crean opiniones a base de talón. En definitiva, convive lo mejor, lo mediocre y lo peor de esta sociedad. 

  Y uno decide en qué silla sentarse, con quien dialogar, debatir, opinar, compartir…, lejos de la manipulación y el lavado de cerebro virtual.

  Los tiempos han cambiado, quizás no tanto como cabría esperar.

  Abuelillas, os hecho de menos.








PERDIDO



Cuando crees todo perdido. 

Cuando el pozo parece no tener fin.

Cuando te sientes señalado.

Cuando sólo deseas gritar ¡basta!

Escucha tu corazón.

Su tic-tac te recuerda que estás vivo, 

muy vivo.

Sonríe. 

Otros te sonríen y te quieren sin juicios, 

por puro Amor.



VOCES SOLIDARIAS



Dejé atrás mi tierra, 

la bandada.

¿Dónde vas? Burlándose, me decían.

Cansado de la monotonía,

de sólo vivir para comer. Respondí.

Emprendí mi primer vuelo en soledad, 

elevándome donde nunca antes pude llegar.

El inmenso océano por hogar.

Cansado, 

con sueño,

planeando,

me dejé llevar.

Estoy aprendiendo a vivir

sin ninguna tierra tocar.

Soy hijo del viento,

nadie me puede domar.


Una voz acabó con mi aislamiento.

-¿Dónde vas, casi sin aliento?

-Practicando técnicas de vuelo.

-¿Te puedo acompañar si no molesto?

-¿Por qué no? Vayamos.

-¿Y por qué sola vas?

-No estoy sola,

voy al otro lado del mar.

Allí está mi bandada, 

gaviotas solidarias.

Somos pocas mas vivimos en libertad.

-¿Me aceptáis?

-Conmigo ya estás.

¡Vamos, más allá!


ME DUELE TU DOLOR



 Me desperté sobresaltado al escuchar unos gritos desgarradores. Aturdido salté de la cama y vistiéndome con celeridad salí de casa. No había duda de donde provenían al identificar la voz, es mi vecina.

 ¡Mi hija, mi hija! Entre llanto y pavor escuché. Golpeé con fuerza la puerta. Me abrió. Nunca olvidaré su rostro desgarrador.

 Me abrazó. No supe como consolarla ni entendía bien el por qué. ¿Mi hija…? ¿Pero qué ha pasado? Unos pasos atrás y corrió a la habitación de su hija, la seguí. 

 Recostada en su cama, un charco de sangre empapaba el edredón. Su cabeza ladeada. Ni rastro de vida… No supe qué hacer. Sacando fuerzas de las entrañas reaccioné. Me acerqué comprobando su pulso, ya nada se podía hacer.

 ¿Por qué? Me pregunté.

 Como si me hubiera escuchado, María, así se llama mi vecina, dijo: “Ayer llegó del instituto llorando. ¡No puedo más, no puedo más! No dijo más. Y se fue al baño. No quiso comer y se acostó”.

 En la mesilla junto a su móvil una nota. La cogí.

 “Te quiero mamá. Tu siempre me has aceptado como soy. Gracias por ser quien eres. Siento que los demás no me comprendan ni me acepten. Te espero en el cielo, donde puedo ser quien soy".

 No pude aguantar las lágrimas…

 Me duele tu dolor.


TENGO DERECHO



Tengo derecho a una infancia feliz y a una pensión digna en mi vejez.

Tengo derecho a un trabajo creativo  y no maquinal. No soy un número.

Tengo derecho a una vivienda digna y no a malvivir hacinado o en la calle.

Tengo derecho a una educación que fomente el humanismo y no la competitividad.

Tengo derecho a una alimentación sana, no adulterada.

Tengo derecho a una Sanidad pública eficiente.

Tengo derecho a que mi integridad física, emocional y mental sean respetadas. A nadie se le ha dado el poder sobre la vida de los demás -no eres ningún dios, sino la unión de un óvulo y un espermatozoide; cuando des el último suspiro lo entenderás. 

Tengo derecho a que se respeten mis ideas, del mismo modo en que respeto las de los demás. Nadie debe imponer, ni siquiera con engaño o fuerza, las suyas.

Tengo derecho a que se respete mi identidad sexual, mi origen étnico así como el color de piel. La diversidad engrandece a la humanidad.

Tengo derecho a que se respeten mis creencias, ya sean religiosas o laicas. Nadie está en posesión de la verdad.

Tengo derecho a vivir en un país solidario, que ayude a otros en su desarrollo, al mismo tiempo que lo es con sus paisanos.

Tengo derecho a que la riqueza generada entre todos se comparta sin ser acaparada por unos pocos. El dinero no te hará feliz sino un esclavo amargado.

Tengo derecho a ser informado con veracidad de cuanto acontece en la sociedad. La mentira y la manipulación tienen corto recorrido. La crítica y la autocrítica han de ser positivas -la envidia corroe a quien la sufre.

Tengo derecho a una muerte digna, respetando mi última voluntad.

Tengo derecho a ser felizmente imperfecto. Estamos de paso por este mundo… ¡A disfrutarlo!

Tengo la obligación de trabajar porque estos y otros derechos se hagan realidad.

LA SEMILLA



De la espiga desciendo a la grieta que el surco abrió.
La lluvia riega mi alma, sumiéndome en la oscuridad.
Enterrado estoy sin saber si veré nuevamente la luz.
Llegó el otoño... Un mundo de silencio.
El frío invernal paraliza mi ser.

Por fin los rayos del Sol calientan la tierra que me cubre. Es primavera.
¡Estoy vivo!
Todo mi esfuerzo por ascender,
rompiendo cuanto me aprisiona.
¿De dónde me viene la guia que me señala el camino, la fuerza de mi ser?
Ignoro los porqués,
sólo sé que al final del túnel estoy yo, otra vez... una espiga más.
El Sol hará el resto.
Es verano, una semilla cae...


MI DUDA



  Cuando las aguas de la vida descienden mansas.
  Cuando respiro quietud contemplando el vuelo de las gaviotas surcando despreocupadas el inmenso cielo.
  Cuando las olas incesantemente acarician la orilla disgregando las rocas.
  Cuando la noche nos alcanza a todos por igual.
  Cuando los latidos ralentizan su ritmo…
Entonces, tomo aire ensanchando mis pulmones como si fuera mi último aliento, porque así es, no sé si volveré a respirar…
  He aquí mi duda: ¿y después?


NUESTRAS VOCES



 Implicarse es pasar por la vida con las manos y pies embarrados, sin temer ser prejuiciado ni tachado por ignorantes y malintencionados de escoria social. 
  Hay quien prefiere que le dirijan su voluntad y su día a día sin hacer preguntas, sólo a cambio de un plato y una cama caliente.
  Otros intentamos, me incluyo, sumar voluntades de forma plenamente consciente por un presente en el que merezca la pena  sonreír y dar gracias a la vida por existir.
  De diferentes modos trabajamos porque sea real una sociedad justa, respetuosa, integradora, igualitaria, multicultural.
  Mirar atrás sí, mas solo para recordarnos los errores y cómo superarlos ahora. Hemos vivido demasiado tiempo atados y atrapados en esquemas inquisitoriales donde el miedo imperaba a sus anchas con el único propósito de impedir la libertad de pensamiento. Existir es mucho más que obedecer sin rechistar; más que desgastarse hasta la extenuación por un pedazo de pan. Existir es la capacidad de alcanzar los sueños más sublimes aquí, en este mundo.
  Respeto, tolerancia, comprensión, esfuerzo... ¡Cuántos valores están hoy en peligro!
  No quiero que tú seas mi voz. Ante todo anhelo que nuestras voces sean un coro enriquecedor y armónico. ¿Lo conseguiremos? Sí, cuando respiremos en y con libertad... sin miedo a ser uno mismo, perfectamente imperfectos.
 Sin duda... ¡Podemos!


ALAS



Miro hacia arriba y te veo revolotear. 

—Me gustaría ser como tú. Claro que, yo arrastro mis pies y tú surcas el cielo. 

«Vuelo alto, pero no fue siempre así. También creía que mi vida sería anodina. Me preguntaba si todo cuanto debía hacer era comer hasta morir. Un día, me detuve y me negué a seguir mi instinto. ¡Loca! Me decían. 
»Adormecida, me sentí desfallecer… 
»A los pocos días desperté, estaba encapsulada. Quise romper la barrera que me separaba de mi mundo y, con todas mis fuerzas, lo conseguí. Ya no era la misma oruga, mi cuerpo había cambiado por completo. Pensé que soñaba… y desperté.
»¡Alas, tengo alas! Gritaba de alegría. Empecé a agitarlas y me elevé. 
»Vi a otras orugas masticar incansablemente. Revoloteé sobre ellas y ni siquiera me miraron. Me alejé entristecida. ¿Estaré sola en esta aventura? Con agradable sorpresa descubrí a otras mariposas, hoy surcamos juntas la campiña. 
»Sigue tu intuición… Tú también puedes volar.»

—Volaré.


LUCIDEZ



Hay momentos en que me siento perdido. Es como si el rumbo que creía certero, el que me llevaría a mi destino, hubiera dejado de tener sentido.
Parado, en el camino, me cuestiono hasta la propia existencia de éste. ¿Y si no hay una senda a ninguna parte? ¿Y si la vida no consiste más que en este momento, consciente de mí mismo? Quizás sólo haya eternos instantes… o nada.
Me pregunto si cuando exhale mi último aliento seguiré siendo yo. 
Hay momentos en que dejo de vagar por mundos imaginarios, como en el que ahora estoy, y despierto de un sueño, largo sueño que me tiene atrapado. 
Y yo, esta diminuta partícula, nada se cuestiona, ni duda, porque ha muerto y renacido infinidad de veces. 
He creado mundos y los he  destruido una y otra vez. Y lo volveré a hacer.

Me rio a carcajadas. ¿Cómo puedo cuestionarme que tú y tu sonrisa, sean pura ficción?

-Calla, -me dices-. Sigue conduciendo y atento a la carretera, que ya queda poco para estar en casa, quiero que lleguemos sanos. Las vacaciones se han acabado… hasta el año próximo.

Adiós lucidez, hasta otra…



LAS LISTAS




Hicieron listas de feministas, 
yo no era.
Después, listas de gays y lesbianas,
yo no era.
Más tarde listas de socialistas y comunistas,
yo no era.
También listas de anarquistas y socialdemócratas,
yo no era.
Incluso listas de musulmanes, 
judíos y budistas,
yo no era.

Ya no vi más listas, 
me arrancaron los ojos...
Ya nada soy.


MI TIERRA



No puedo apartar mis ojos de ti,
tierra de mi ocaso y alba.
"Patria" te dicen
quienes te venden y desangran.
España te llaman... "Una".
Yo percibo miriadas.
Vieja, joven... con alma.
Desangrada.
Exhausta.
Hastiada.
Verde.
Seca.
Quemada.

Mi tierra son las personas,
las que gritan y callan;
las que gozan y aguantan.
No está limitada por puntos ni rayas.

No dejes que unos pocos te marquen la pauta,
te lleven a tiempos de "gloria y cruzada".
Paso firme hacia delante,
atrás... ¡ni por agua!
No escuches cantos de sirena
de falsarios y sátrapas.

Tú eres capaz,
lo haces al despuntar el día,
con tu sudor y sangre derramada.
Joven y viejo, hombre y mujer:
¡despierta!
Es la hora... como cada mañana.


SIN RUIDO



Me voy como llegué,
sin hacer ruido.

Susurros al alma fueron mis palabras,
esparcidas por el viento,
rumbo al Sur, al Este,
al Norte y al Oeste...
A tu corazón.

Cuando amanecí anhelé el atardecer.
Contemplo la última puesta de sol.
Es más que un deseo,
una necesidad vital.

Cumplí mi papel,
fiel al eslabón de una cadena sin fin.
Vuelvo al océano de la vida,
en silencio.

Tal como llegué, partí...
Sin hacer ruido.


HAY UN PLAN



  Me lo podría inventar. Especular que Tú no eres más que una quimera, el fruto de una mente imaginativa. Pero no, eres real. ¿Pero, quién eres Tú? ¿Cómo es posible que dos mil años no sean nada más que un parpadeo para Ti?
  Cuando de niño escuchaba hablar de Ti, imaginaba que sí era posible tu existencia en el pasado. Leyendo “Los Evangelios” encontré palabras, frases, que estaban cargadas de amor y sabiduría. No podían ser pura fantasía sin más. “Y venció a la muerte”, leía una y otra vez: uno de los temas más controvertidos y cuestionables a lo largo de este tiempo, tanto por los doctos como por el pueblo llano. Supuse que vivirías en un mundo aparte, un Cielo donde la paz y la armonía brillarían más que el Sol. Conjeturé tantas cosas…
  Y los días, meses y años pasaron. La vorágine de la vida me envolvía de un modo que pensar se convertía en un lujo. El agotamiento físico no dejaba nada más. No, no era casual, formaba parte del aprendizaje, del autoconocimiento, del desprendimiento del ego. Había que ponerlo en su sitio.
  Y Tú, en la sombra, en el silencio, trabajabas noche y día. No, no sabía, ni lo intuía. Solamente esperabas con infinita paciencia que la semilla tuviera la suficiente fuerza como para rasgar la tierra y buscar la luz. Han sido tiempos muy difíciles, tanto que la desesperanza asomaba en más de una ocasión. Andar a ciegas, sin saber si dar un paso adelante es lo adecuado o un salto al vacío; cuando gritaba y nadie me escuchaba; cuando me ahogaba en mis propias lágrimas; cuando todo perdía su sentido…
  Y Tú, estabas ahí, aquí. No lo supe. Esperabas que mi “yo” cayera rendido, abatido, sin fuerzas para dar un solo paso. Y llegó el momento, con las manos vacías y solo, con un corazón amante –era esto lo que esperabas‒ por encima de mí mismo, fue como supe que Tú estabas presente.
  No, no vives en ningún Cielo, estás aquí, en este mundo. Un mundo que es mucho más de lo que nuestros limitados ojos perciben. Miramos sin ver, pero no es culpa de nadie, ni nuestra, como no la tiene la semilla que se entierra para después brotar. Hay un plan inscrito en su ADN, un proyecto que se desarrolla por fases hasta que alcanza su cenit. Hay un Plan en nuestro ADN.
  Hace dos mil años despertaste en un hombre. La muerte no fue tu final, sino parte de un proceso necesario, el abandono de una piel que se quedaba pequeña, limitada. Tú, has llegado a un punto en tu crecimiento que parece un sueño, un imposible para nosotros, los mortales…
  Pero no es así. Hoy tienes un cuerpo físico, no es el del gusano, sino el de la mariposa. ¿Cómo le explicas a un gusano que puede volar? Callas y esperas el momento propicio.
¿Cuántas mariposas revolotean en este mundo sin que los gusanos lo perciban? Y, sin embargo, ocurre.

  Un día, unos pocos años atrás, bajo la sombra de un olivo te mostraste. Fue un momento muy particular, vital. Y decidiste darte a conocer...
  Y hablaste, fueron pocas frases. Palabras de confianza, de amor, de entrega, de presente y futuro…
  Y, desapareciste de la vista, pero te quedaste para siempre, donde “el fuego no quema”. Entonces comprendí que nunca te fuiste.


LA LLAVE



Pasado, presente, futuro.
¿Qué sois?
¡Nada!
Viajo por el tiempo como ave enjaulada.
¿Cómo romper estos barrotes?
Me ahogo,
necesito respirar... Volar.
Mis alas quebradas están.
¿Quién tiene la llave de mi ansiada libertad?
¿Tú?
¿Yo, quizás?
¿Soy un sueño,
nada más?
Anhelo despertar.


CLARA Y FRANCISCO… EN EL CORAZÓN



Se conocían Clara y Francisco desde niños. No se relacionaban directamente aunque sus corazones latían fuertemente al cruzarse por las calles de Asís, pero aún no era el momento. Pasaron muchos años, tiempo de madurar y encontrar un lugar, un sentido y un por qué en el mundo que les tocó vivir. Francisco quería convertirse en un caballero, un noble… pero la nobleza no se gana con sangre. Vivió la sinrazón de la guerra y sus consecuencias. Y cuando ya se encontraba hundido, cuando todo estaba acabado para él, encerrado en una prisión, pidió al cielo un poco de luz. La luz llegó a él en forma de librillo. Un librillo prohibido escrito en su lengua: el Evangelio. Se lo “bebió” y dejó que su ser se impregnara de su esencia. Comprendió la futilidad de su vida hasta ese instante. 

ÉL se dijo… “hoy he vuelto a nacer”. Y así fue, el destino, su cambio interno, su alma, hizo que saliera con vida de las mazmorras que le comían día a día. Ya no era el mismo, sus amigos no le reconocían… sus ojos tenían un brillo que no era de este mundo. Habló con su padre, que no le comprendió, pues tenía bien claro qué quería para él… insistía en que fuera un noble a pesar de lo pasado. Pero el sueño de Francisco estaba bien lejos de tal propósito… Su vida sería un compromiso con la sencillez, la humildad y la entrega al fuego que se había encendido en su corazón. Su madre conectaba con él, aunque no le alcanzaba a comprender del todo… y le dejó hacer.

Piedra a piedra junto a los desarrapados, los despreciados, los parias, los más pobres, empezaron a reconstruir la iglesia de Cristo.  Esa casa era sólo un símbolo de lo que él quería, no se aferraba a ninguna piedra, a ninguna imagen, sabía que sólo el cambio en los corazones era lo auténticamente necesario para entrar en la verdadera “casa” de Dios. Era una llamada de atención ante el cristianismo instituido y corrompido que rodeaba la vida de su ciudad y del resto de la cristiandad.

Clara no era ajena a estos sucesos. Los vivía en silencio y con gran alegría. Ella no dejaba de ayudar a quienes necesitaban alimento espiritual y físico, pero también sintió en su ser la “llamada”. Y Francisco tampoco era ajeno a los sentimientos de Clara. Ambos decidieron en su silencio crecer como auténticos amantes. Y su amor lo sublimaron convirtiéndolo en un fuego que quemaba toda impureza en sus almas. Supieron en sus carnes la realidad del Espíritu.

 Y un buen día Clara le dijo a Francisco que ya estaba preparada para pasar por el umbral de la “Casa”. Él le dijo: “Bienvenida a tu casa, nuestra casa, la de todos. Nada poseemos, nada nos pertenece y aun así lo damos todo por nuestras hermanas y hermanos”. Sin más, ambos se unieron a los que poco a poco, como gotas de agua, estaban formando un hogar lleno de vida. No querían estructuras para sostenerse, les bastaba lo que cada día Dios les ofrecía… Otros no siguieron este camino de sencillez, mas a pesar de ello sentaron una base que aun hoy en día siguen escuchando corazones inquietos e insatisfechos, deseosos de amar por encima de todo, incluso de ellos mismos. Hoy están más vivos que nunca donde la llama sigue iluminando: en el corazón.


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